Un reciente estudio publicado en la revista Nature Neuroscience aportó una nueva mirada sobre la glucosa, tradicionalmente considerada como el principal combustible del cerebro. La investigación demostró que este nutriente cumple además un rol esencial como señal biológica que regula el desarrollo del sistema nervioso.
El trabajo identificó que los niveles de glucosa influyen directamente en el comportamiento de las células progenitoras del cerebro. Cuando la glucosa es abundante, estas células tienden a multiplicarse; en cambio, cuando disminuye, comienzan su proceso de maduración hasta convertirse en oligodendrocitos, responsables de producir mielina.
La mielina es una sustancia clave que recubre las fibras nerviosas y permite una transmisión rápida y eficiente de los impulsos eléctricos. Su correcta formación es fundamental para funciones como el movimiento, el pensamiento y la coordinación.

Uno de los hallazgos centrales del estudio es la participación de una enzima, la ATP-citrato liasa (ACLY), que actúa como intermediaria en este proceso. Esta molécula traduce la disponibilidad de glucosa en señales que activan genes vinculados a la proliferación celular. Cuando su acción se ve alterada, la producción de mielina también se reduce.
La investigación también mostró que el cerebro en desarrollo tiene capacidad de adaptación. En situaciones donde la glucosa escasea, las células pueden recurrir a fuentes alternativas de energía, como los cuerpos cetónicos, para continuar con la formación de mielina.
Este proceso ocurre en una etapa crítica del desarrollo, especialmente entre las semanas finales del embarazo, lo que podría explicar por qué los bebés prematuros presentan mayor riesgo de alteraciones neurológicas.

Si bien los resultados aún provienen de estudios en modelos animales, los científicos consideran que este avance abre nuevas perspectivas para la prevención de daños cerebrales en recién nacidos y el desarrollo de tratamientos para enfermedades como la esclerosis múltiple.
El hallazgo redefine el papel de la glucosa en el organismo: ya no solo como fuente de energía, sino como una señal clave que guía la organización y maduración del cerebro.



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