El último informe del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) reveló que el 56,8% de las familias no logró cubrir la canasta alimentaria durante abril. El dato surge de la Encuesta de Hogares que el organismo realizó sobre una muestra de 2.500 casos distribuidos en distintos sectores socioeconómicos de la provincia. La medición se difundió en simultáneo con el índice de precios al consumidor, que arrojó una desaceleración del 2,6%.
Ese freno en la inflación, sin embargo, no representó un alivio real para los hogares. La baja de precios apareció atada a la contracción del consumo, la pérdida de poder adquisitivo y una mayor dependencia del crédito y la asistencia estatal. El informe del IETSE advirtió que la desaceleración en alimentos y bebidas, que pasó del 3,6 al 2,1 por ciento, no respondió a una mejora estructural sino al deterioro del ingreso real.
El valor de la Canasta Básica Alimentaria (CBA), el umbral que separa la indigencia de la supervivencia para una familia tipo de cuatro miembros, trepó hasta los 1.029.591 pesos. Ese monto implicó un incremento mensual del 2,1% y una suba acumulada del 13,9% a lo largo de 2026. Al mismo tiempo, la Canasta Básica Total (CBT), que define la línea de pobreza, alcanzó los 1.876.722 pesos.
Entre quienes sí lograron cubrir la canasta alimentaria, el 71,4% necesitó asistencia estatal. Esa ayuda llegó a través de transferencias como la Asignación Universal por Hijo (AUH) o programas alimentarios. El cuadro social, de acuerdo al relevamiento, se volvió cada vez más crítico.
La encuesta también detectó comportamientos extremos vinculados al hambre. El 11,4 por ciento de los hogares redujo su ingesta a una sola comida diaria o atravesó situaciones de hambre. El 21,5 por ciento se quedó sin alimentos en algún momento del mes y el 32,1 por ciento sintió hambre pero no pudo satisfacer esa necesidad. A esto se sumó que el 52,8% recortó la cantidad de comidas, eliminando principalmente la cena.
En este contexto, la financiación del consumo básico se convirtió en una regla. El 88% de los hogares debió recurrir al crédito, al fiado o a préstamos para comprar alimentos. El informe advirtió que ese mecanismo comenzó a mostrar signos de saturación, con tarjetas al límite, aumento de pagos mínimos y mayores niveles de morosidad e incobrabilidad.
El comercio minorista de alimentos, en línea con el deterioro social, registró un recorte interanual del 8,5% en volumen durante abril. Eso implica que, aunque el gasto nominal pudo sostenerse por el efecto de los precios, los hogares compraron menos cantidad de bienes. Los salarios formales, según el INDEC, perdieron 8,87% de su poder adquisitivo entre noviembre de 2023 y febrero de 2024.
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El informe del IETSE dejó en evidencia una brecha cada vez más ancha entre la desaceleración de los precios y la capacidad real de los hogares para alimentarse. Más de la mitad de las familias no alcanzó la canasta alimentaria, uno de cada diez comió una sola vez al día y ocho de cada diez debieron endeudarse para comprar comida. La narrativa oficial de estabilización, planteó el organismo, pierde consistencia cuando la baja de la inflación convive con recesión, caída del salario real y una fragilidad social que no cesa de crecer.



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