La Argentina sigue discutiendo como si estuviéramos en los años setenta. En Misiones se insiste con que el Estado debe fijar el precio de la yerba mate, el tabaco o el té, como si intervenir mercados pequeños y complejos pudiera reemplazar productividad, escala y competitividad.
Esa misma lógica acaba de exhibirse en Vaca Muerta. Techint, el grupo de Paolo Rocca, perdió una licitación clave para un gasoducto frente a una empresa india que ofertó mucho más barato. La reacción fue inmediata: reclamos, presiones y pedidos de “revisión”. El reflejo automático del empresariado prebendario: si no gano compitiendo, que el Estado me garantice el negocio.
Es el mismo modelo, desde el colono yerbatero hasta los grandes grupos económicos: sustituir eficiencia por regulación, mercado por política, competitividad por lobby.
Mientras tanto, otros países hacen exactamente lo contrario. Santa Catarina dejó de proteger commodities marginales y transformó su matriz productiva hacia proteína animal, logística e industria alimentaria. Apostaron a escala, integración y exportaciones. Compiten. No reclaman precios sostén.
Misiones sigue atrapada en un esquema extractivo de bajo valor agregado, defendido con controles administrativos y discursos épicos, pero sin una estrategia real de transformación productiva.
El problema no es la yerba. Ni siquiera Techint.
El problema es una cultura económica que cree que el Estado puede reemplazar al mercado y que el privilegio puede reemplazar al mérito.
El capítulo imprescindible: Hidroenergia

A todo esto se suma una omisión todavía más grave: Argentina sigue desperdiciando su enorme potencial hidroeléctrico. No avanzar en nuevas hidroelectricas sobre el Paraná y el Uruguay es equivalente a que Jujuy decida no explotar el litio, que las provincias petroleras ignoren el petróleo, que las pesqueras abandonen el mar o que la Pampa Húmeda renuncie a la soja.
Tenemos ríos gigantescos, caudal permanente y una de las energías más limpias, baratas y estables del mundo y aun así seguimos perdiendo tiempo.
Sin energía abundante y barata no hay industria, no hay proteína animal, no hay valor agregado, no hay exportaciones competitivas. La hidroenergía no es un tema ambiental: es un tema estratégico de desarrollo.
Argentina no puede aspirar a ser un país moderno con matriz productiva primaria y energía escasa.
Lo ocurrido en Vaca Muerta no es un hecho aislado. Es un síntoma.
La Argentina que viene exige otra cosa: producir lo que el mundo demanda, al costo que el mundo paga, con empresarios que inviertan y compitan, y con Estados que ordenen, no que repartan.
Transformar la matriz productiva y convertirnos en una potencia de energía limpia debería ser política de Estado.
Todo lo demás es nostalgia.-
Calor extremo y tormentas en camino: así estará el tiempo en Misiones hasta el sábado https://t.co/8FycjLWI2y
— Radio Up 95.5 (@radioup955) February 5, 2026
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Yerba mate, yerba mate, yerba mate



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