En el marco de una misión que marcará un hito en la exploración espacial, Argentina dirá presente en el regreso tripulado a la Luna después de 54 años. Se trata de la expedición Artemis II, impulsada por la NASA, cuyo lanzamiento está previsto entre el 1 y el 6 de abril desde Cabo Cañaveral.
En esta histórica travesía participará Atenea, un microsatélite argentino desarrollado con intervención de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que será desplegado en las primeras horas del vuelo como parte de una serie de experimentos científicos internacionales.
La misión Artemis II será la primera en enviar astronautas a orbitar la Luna desde 1970, reanudando la exploración tripulada del satélite natural en una nueva etapa tecnológica. En ese contexto, Atenea formará parte de la carga útil que acompañará a la nave Orion, desde donde será liberado junto a otros tres CubeSats aproximadamente cinco horas después del despegue.

El satélite argentino pertenece a la categoría 12U, con dimensiones cercanas a los 30 x 20 x 20 centímetros. Su diseño y desarrollo contaron con la participación de la Facultad de Ingeniería de la UBA (FIUBA), que confirmó su rol en el proyecto como parte del consorcio nacional liderado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE).
Argentina fue uno de los cuatro países seleccionados para integrar la misión con un microsatélite propio, junto a Corea del Sur, Arabia Saudita y Alemania. La elección se produjo tras cumplir con exigentes estándares de seguridad y tiempos establecidos por la NASA, en un proceso en el que participaron cerca de 50 naciones.
“Solo cuatro quedamos seleccionados habiendo 14 lugares en el cohete”, explicó Alejandro Martínez, decano de Ingeniería de la UBA, quien remarcó la complejidad técnica del proceso y el nivel de exigencia requerido para integrar una misión tripulada.
Un laboratorio en miniatura en el espacio

El principal objetivo de Atenea será validar tecnologías clave para futuras misiones espaciales, aportando información estratégica a la NASA y a la comunidad científica internacional.
Entre sus funciones más relevantes se destacan:
- Medición de radiación en órbitas bajas y profundas, para evaluar materiales y componentes.
- Prueba de dispositivos optoelectrónicos avanzados, como los fotomultiplicadores de silicio.
- Recopilación de datos GPS en órbitas superiores, con impacto en futuras maniobras espaciales.
- Validación de comunicaciones de largo alcance, fundamentales para la exploración del espacio profundo.
Según destacaron los responsables del proyecto, estos ensayos permitirán elevar el Nivel de Madurez Tecnológica (TRL) de diversos sistemas, habilitando su uso en misiones más complejas en el futuro.
El profesor Fernando Filippetti, director del Proyecto ASTAR y responsable de FIUBA en Atenea, subrayó que uno de los grandes objetivos es probar estas tecnologías en condiciones reales, algo fundamental en el desarrollo aeroespacial. Además, destacó el rol del equipo humano: “contamos con un grupo integrado casi en su totalidad por estudiantes”, afirmó, poniendo en valor la formación académica aplicada.
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Un esfuerzo colectivo
El proyecto Atenea es el resultado de una articulación entre organismos científicos, universidades y empresas argentinas. Además de la CONAE y la UBA, participan instituciones como el Instituto Argentino de Radioastronomía, la Comisión Nacional de Energía Atómica, la Universidad Nacional de La Plata, la Universidad Nacional de San Martín y la empresa VENG S.A.
Actualmente, investigadores argentinos se encuentran en Cabo Cañaveral participando de las instancias finales previas al lanzamiento, que podría concretarse en los próximos días si las condiciones técnicas y climáticas lo permiten.
Con Atenea a bordo, Argentina se posiciona en una misión clave para el futuro de la exploración lunar, aportando conocimiento y tecnología en un escenario global cada vez más competitivo.
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