El experimento libertario de Javier Milei parece haber chocado contra un muro infranqueable: la realidad de las mujeres y las disidencias. No se trata solo de una diferencia de opinión política; estamos ante una fractura social expuesta que las últimas mediciones de opinión pública han dejado al desnudo con una contundencia alarmante. «El rechazo a la gestión por parte de casi el 80% de las mujeres, según las últimas encuestas de mayo 2026, no es un número más; es un grito de supervivencia frente a un gobierno que ha convertido a la igualdad de género en su principal enemigo retórico y administrativo”.
Desde el inicio de su gestión, el Presidente ha desplegado una pedagogía del desprecio. La eliminación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad no fue solo un recorte fiscal —insignificante en términos presupuestarios— sino un acto simbólico de disciplinamiento. Al desmantelar las políticas de prevención de violencia y los programas de acompañamiento, el Estado Nacional ha desertado de su obligación básica de proteger a las poblaciones más vulnerables.
La brecha de género en la desaprobación de Milei tiene raíces profundas. No es solo la misoginia verbal de sus discursos o la homofobia latente en sus metáforas biológicas; es el impacto directo de un plan económico que castiga con mayor saña a quienes sostienen las tareas de cuidado. En un país donde la pobreza está feminizada, el ajuste «más grande de la historia» recae sobre las espaldas de las mujeres que gestionan el hambre en los barrios y las disidencias que son expulsadas al margen del sistema laboral.
El desprecio presidencial por la agenda de derechos humanos y diversidad no es un error de comunicación, es el núcleo de su construcción de poder. Al atacar el lenguaje inclusivo, la educación sexual integral y el derecho al aborto legal, Milei intenta restaurar un orden jerárquico que la sociedad argentina ya había decidido superar. Sin embargo, ese 73% de rechazo indica que el consenso democrático sobre la igualdad es mucho más resistente de lo que las fuerzas del cielo imaginaban.
Hoy, la resistencia más sólida al modelo de exclusión libertario tiene cara de mujer y de disidencia. Mientras el gobierno insista en gobernar desde el odio y la negación de la violencia de género, se seguirá hundiendo en un aislamiento social que ninguna red social puede maquillar. El dato es elocuente: la mayoría del país no quiere volver al pasado oscuro que Milei propone como futuro.



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