Fiorella Pesoa Covalchuk, miembro de la Iglesia Bautista Argentina, compartió su conmovedora experiencia como voluntaria en Ucrania, específicamente en la provincia de Volinia, durante una entrevista en el programa “La Última Rosca” de RadioUp. Su viaje, realizado en agosto, más de dos semanas antes de la entrevista, fue parte de la iniciativa “Un abrazo a Ucrania” de la Asociación de Iglesias Bautistas de Argentina.
La misión principal de Fiorella fue colaborar con “Puente a la vida” (Bridge to Life), una organización alemana que gestiona casas para niños huérfanos o en situaciones sociales complejas. Estas casas, de gran tamaño, pueden albergar hasta 12 niños.
El Impacto del Contacto Personal y la Resiliencia Ucraniana
Lo que más marcó a Fiorella fue el contacto personal con los ucranianos. “Creo que lo que más me marcó es hacer ese contacto personal con la gente de allá, realmente conocer a los ucranianos. Hice amigos y amigas allá”, afirmó. Observó una actitud de resiliencia ante la guerra, a pesar de las constantes alertas aéreas. “Yo no escuché a la gente quejarse de nada, pero en momentos en los que sonaban las sirenas… la gente se quedaba como solemne”, relató.
Conoció a una joven artista de 17 años que expresaba sus emociones sobre el conflicto a través de dibujos. “Conocí a una chica que que dibuja… y ella con mucho entusiasmo me mostró sus dibujos y había muchos en los que ella dibujaba como ella interpretaba la guerra y era realmente de romper el corazón”, compartió Fiorella.

Historias de Supervivencia y Fe
Fiorella también interactuó con personas mayores, aunque las barreras idiomáticas limitaron las conversaciones profundas. Sin embargo, escuchó historias desgarradoras de ancianas que perdieron familiares en la Segunda Guerra Mundial y ahora enfrentan la desaparición de hijos o nietos en el frente. Destacó la fortaleza mental y la autosuficiencia de estas personas, que cultivan huertas para asegurar sus provisiones.
En los cultos religiosos, a pesar de no entender todas las conversaciones, percibió un “clamor por ayuda y por paz al Señor” en las canciones y oraciones. “Ahí es cuando las lágrimas se derramaban y son gente que se hacía memoria de las guerras anteriores y decían confiamos en el Señor de vuelta. Señor, ayúdanos”, describió. Un momento particularmente significativo fue el Día de la Independencia de Ucrania, celebrado en medio de la guerra con un “significado aún más poderoso, aún más profundo”.
Sorpresas y Desafíos del Voluntariado
Lo que más sorprendió gratamente a Fiorella fue la “calma, no sé, la tranquilidad con las que muchas personas están y la gente sigue viviendo”. Destacó la hospitalidad de la gente, a pesar de una aparente frialdad inicial.
La parte más negativa de su experiencia fue presenciar el cansancio de las familias afectadas por los bombardeos. “Ahí fue cuando vimos realmente el cansancio. Y eso a mí me me quedó como por ahí la parte más negativa, ¿no? El ver ese efecto”, explicó. Sin embargo, también observó cómo la gente “sigue trabajando, sigue queriendo servir”, participando en campamentos de verano para niños que les brindaban alegría.

Un Llamado a Volver
Fiorella, quien es descendiente de ucranianos, expresó su firme deseo de volver a Ucrania para continuar ayudando. “Mucha gente me dice que estoy relocado porque quiero volver, pero al ver a esta gente tan resiliente con tanta fortaleza y con tantas fuerzas y ganas de vivir, eso te contagia”, concluyó, subrayando la profunda conexión personal que siente con la causa.



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