El juicio por la desaparición de Loan Danilo Peña pertenece a esta segunda categoría. Casi dos años después de aquel almuerzo familiar en el paraje Algarrobal, Corrientes, la Justicia Federal se prepara para debatir durante meses una causa que tiene imputados, hipótesis, pericias, reconstrucciones, llamados telefónicos, contradicciones, rastros y presuntos encubridores. Pero no tiene a Loan.
Esa ausencia es el dato más brutal de todos.
Porque el proceso que comienza no juzgará un homicidio con cadáver, ni un secuestro con víctima rescatada. Será un juicio que intentará demostrar una sustracción y posterior ocultamiento sin que haya aparecido el principal elemento probatorio: el propio niño.
La fiscalía sostiene que Loan fue apartado deliberadamente de la custodia de su padre durante la excursión al naranjal y que luego se puso en marcha una maniobra coordinada para hacerlo desaparecer. Según el requerimiento de elevación a juicio, los siete imputados habrían actuado de forma concertada para sustraerlo y ocultarlo hasta la actualidad.
La reconstrucción es conocida. El 13 de junio de 2024, luego del almuerzo en la casa de su abuela Catalina, Loan acompañó a un grupo de adultos y niños hacia un naranjal. A las 13:52 aproximadamente fue visto por última vez. Desde entonces comenzó una cadena de versiones cruzadas, pistas falsas, testimonios contradictorios y decisiones judiciales que transformaron una desaparición en uno de los casos criminales más impactantes de la historia reciente argentina.
Los acusados son familiares, allegados, una exfuncionaria municipal y hasta un comisario. Una combinación tan inquietante como políticamente incómoda. Porque si la hipótesis de la fiscalía resulta probada, no estaríamos ante la acción aislada de un secuestrador ocasional sino frente a una estructura organizada con capacidad para hacer desaparecer a un niño a plena luz del día y sostener durante años un pacto de silencio. Y allí aparece la verdadera dimensión política del juicio.
Durante meses, las audiencias obligarán a revisar cada minuto de aquella tarde. Cada llamada. Cada movimiento. Cada contradicción. Cada intervención policial. Cada decisión judicial. Cada funcionario involucrado.
En otras palabras, el juicio puede convertirse en una excavación arqueológica sobre los mecanismos del poder local.
Porque si hubo encubrimiento —y existen diez personas acusadas precisamente por entorpecer la investigación, según la fiscalía— la pregunta deja de ser quién se llevó a Loan para transformarse en algo mucho más perturbador: ¿quiénes ayudaron a que nunca apareciera?
La Argentina tiene una larga historia de desapariciones vinculadas a menores y a redes de explotación que jamás pudieron explicarse completamente. El caso de Marita Verón reveló durante años la existencia de entramados de trata protegidos por sectores policiales, políticos y judiciales. Décadas después todavía siguen apareciendo líneas de investigación y sospechas de encubrimiento. La desaparición de Sofía Herrera en Tierra del Fuego tampoco encontró respuestas definitivas. Han pasado casi dieciocho años, hubo investigaciones internacionales, sospechosos identificados y múltiples hipótesis, pero nunca apareció la víctima.
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Por eso el caso Loan genera una inquietud que excede la tragedia individual de una familia. Lo que la sociedad espera descubrir no es solamente qué ocurrió con un niño de cinco años. Lo que busca saber es si detrás de esa desaparición existe algo más grande. Algo estructural.
Algo que explique cómo un menor puede desaparecer sin dejar rastros en pleno siglo XXI.
Naturalmente, afirmar hoy la existencia de una red nacional de venta de menores sería irresponsable. La prueba judicial todavía no existe. Pero también sería ingenuo ignorar que el debate oral podría arrojar luz sobre mecanismos de captación, protección o encubrimiento que vienen funcionando desde hace décadas en distintos puntos del país.
Porque en los tribunales de Corrientes no sólo se sentarán diecisiete acusados. También estará sentada una sospecha colectiva: la sospecha de que Loan no desapareció sino de que a Loan lo hicieron desaparecer.
Y la sospecha, aún más inquietante, de que para lograrlo fue necesario que demasiadas personas supieran demasiado y hablaran poco.
Al final de este proceso, que durará algunos meses, habrá condenados y absueltos. Puede incluso ocurrir que conozcamos con precisión cómo se ejecutó la maniobra. Pero habrá una pregunta que seguirá siendo la única verdaderamente importante. La misma que la Argentina se hace desde junio de 2024.
¿Dónde está Loan?
Y hasta que esa pregunta tenga respuesta, cualquier sentencia estará inevitablemente incompleta. Porque ningún fallo podrá reemplazar aquello que todavía falta encontrar: la verdad entera.
Comenzó el juicio por la desaparición de Loan Peña: “La tensión es evidente, esto puede durar hasta seis meses” https://t.co/6JjbJCc7Sp pic.twitter.com/Qr7aSABXPh
— Radio Up (@radioupar) June 16, 2026



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