El 83% de los argentinos trabaja actualmente de manera presencial, aunque la mitad preferiría un esquema híbrido, combinando oficina y home office. El dato expone una tensión creciente entre las modalidades vigentes y las expectativas de los trabajadores, en un contexto donde el teletrabajo pierde impulso pero no desaparece.
El empleo remoto pleno sigue siendo marginal: solo el 5% lo ejerce y apenas el 8% lo elegiría como modalidad ideal. En paralelo, el modelo híbrido se consolida como el esquema dominante en grandes empresas (69%), según datos de PwC, aunque con reglas cada vez más rígidas, lo que marca el fin de la flexibilidad irrestricta que caracterizó los primeros años post pandemia.
Del auge a la regulación: un modelo en transformación
A cinco años del boom del teletrabajo, el esquema atraviesa una etapa de redefinición. Una investigación de la Universidad Abierta Interamericana advierte que el fenómeno excede la dicotomía entre casa y oficina y revela un escenario más complejo.
Si bien el trabajo remoto trajo beneficios —como ahorro de tiempo, mayor autonomía y mejor conciliación— también dejó al descubierto serios problemas estructurales:
- Intensificación de las jornadas y disponibilidad permanente
- Dificultades para desconectarse
- Sensación de vigilancia laboral
- Problemas ergonómicos y sedentarismo
- Aumento del estrés, la ansiedad y el agotamiento
Estas tensiones también impactaron en la operatividad de las empresas, con dificultades para auditar horarios, gestionar horas extras y controlar asistencia en esquemas híbridos.

Un debate técnico más que ideológico
El eje de discusión se desplazó: ya no se trata de elegir entre presencialidad o virtualidad, sino de resolver problemas concretos de gestión. Entre los principales interrogantes que enfrentan las organizaciones aparecen:
- Cómo controlar la asistencia en esquemas híbridos
- Cómo liquidar horas extras en equipos distribuidos
- Cómo gestionar accesos en múltiples sedes
- Cómo auditar el cumplimiento sin invadir la privacidad
A esto se suma un factor crítico: el riesgo de fuga de talento. Según datos aportados por Randstad, el 9% de los trabajadores renunciaría si se impone la presencialidad total, mientras que el 53% comenzaría a buscar empleos con mayor flexibilidad.
IA, capacitación y una brecha interna
En paralelo, surge otro fenómeno: la adaptación a la inteligencia artificial. Casi 9 de cada 10 trabajadores aseguran estar preparados para incorporar IA, aunque perciben que saben más que lo que sus empresas les enseñan, según el informe Tendencias Laborales 2026 de Adecco Argentina.
Este desfase impulsa nuevas demandas: capacitación, desarrollo profesional y participación en los procesos tecnológicos, aspectos que muchas compañías intentan reforzar desde la presencialidad.
Incluso, especialistas advierten que las empresas están más atrasadas en la adopción de IA que sus propios empleados.
La oficina recupera protagonismo
En este contexto, la presencialidad vuelve a ganar terreno, impulsada por la necesidad de fortalecer la cultura corporativa, mejorar la cohesión de equipos y, en algunos casos, justificar costos estructurales.
Sin embargo, estudios como el de la Comunidad de Mujeres en Negocios de UdeSA ponen en duda su efectividad:
- 86% afirma que el trabajo remoto mejora el bienestar
- 88% señala que la presencialidad aumenta el cansancio
- 78% se percibe más productivo trabajando desde casa
Tendencia global: menos remoto, más oficina
La tendencia no es exclusiva de Argentina. Un informe de Resume Builder, basado en líderes empresariales de Estados Unidos, anticipa que una de cada tres empresas eliminará el trabajo remoto en 2026, mientras que casi la mitad exigirá asistencia presencial al menos cuatro días por semana.
Las principales razones:
- 64% apunta al fortalecimiento del “espíritu de equipo”
- 62% sostiene que el cara a cara acelera resultados
- 45% busca justificar costos de oficinas
Un modelo que persiste, pero sin idealización
El teletrabajo no desaparece, pero pierde su carácter disruptivo. Se consolida como una herramienta más dentro del esquema laboral, cada vez más regulada y menos flexible.
El desafío, tanto para empresas como para trabajadores, será gestionar esta transición sin repetir los errores del pasado, equilibrando productividad, bienestar y nuevas demandas tecnológicas en un escenario laboral en plena reconfiguración.



//



