Las proyecciones del salario para 2026 vuelven a exponer una tensión estructural que se repite en la economía argentina: los aumentos nominales pueden existir, pero el poder adquisitivo continúa en retroceso. En este caso, las empresas estiman incrementos del orden del 26%, una cifra que apenas acompaña sus propias proyecciones de inflación, pero que queda por debajo de las expectativas más amplias del mercado relevadas por el Banco Central de la República Argentina, donde la mediana del REM anticipa un 30,5% y los escenarios más altos alcanzan el 33%.
El dato central no está en el número, sino en su consecuencia: aun con aumentos alineados a la inflación esperada, el salario real no se recupera y, en muchos casos, continúa perdiendo terreno.
Una economía donde el salario corre detrás de los precios
El comportamiento reciente de los ingresos confirma una tendencia ya instalada. Desde fines de 2023, los salarios vienen acumulando pérdidas reales sostenidas, con un deterioro más profundo en el sector público que en el privado, según estimaciones basadas en datos oficiales.
En este contexto, la promesa de “empatar la inflación” se vuelve insuficiente. Igualar el índice de precios no implica recuperar lo perdido, sino apenas evitar un nuevo deterioro. Y aun ese objetivo, en la práctica, se cumple de manera parcial.
Consultoras como CP Consultores advierten que incluso en escenarios de aumentos nominales compatibles con la inflación proyectada, el salario real volvería a caer durante 2026, consolidando un esquema donde la recomposición del ingreso queda sistemáticamente postergada.
El ancla del 2% y una negociación salarial defensiva
La persistencia de la pauta del 2% mensual en las negociaciones paritarias funciona como un techo informal que condiciona las discusiones salariales, incluso cuando la inflación supera ese ritmo.
En ese marco, los acuerdos colectivos tienden a quedar rezagados respecto del aumento del costo de vida. Las mejoras puntuales observadas en algunos meses responden más a factores excepcionales —como sumas fijas o revisiones aisladas— que a una recuperación sostenida del salario.
El uso creciente de sumas no remunerativas intenta compensar parcialmente esa brecha, pero su impacto es limitado y muchas veces transitorio, sin modificar la estructura del ingreso real.
Aumentos nominales, pero sin recuperación del ingreso
El relevamiento TISA de Mercer muestra que las empresas ajustaron sus expectativas de incrementos salariales del 22% al 26% para 2026. Sin embargo, ese movimiento no responde a una mejora del poder de compra, sino a una simple actualización de expectativas inflacionarias.
En otras palabras, el salario se mueve, pero no avanza. Se ajusta a los precios, pero no recupera lo perdido. La lógica dominante es defensiva: evitar mayores tensiones nominales, sin alterar el deterioro acumulado.
Incluso en el sector privado, donde el ajuste suele ser más ágil que en el sector público, la dinámica sigue siendo la misma: el salario acompaña la inflación con rezago y sin capacidad de recomposición real.

Sectores que ajustan más, pero no recuperan
Las diferencias sectoriales no modifican el panorama general. Aunque algunas actividades proyectan aumentos por encima del promedio —como dispositivos médicos, bancos o automotrices—, en todos los casos se trata de incrementos nominales que no alcanzan para revertir la pérdida acumulada de poder adquisitivo.
En los sectores con menores incrementos proyectados, la situación es aún más crítica: la distancia entre salario e inflación se amplía, profundizando la segmentación del mercado laboral.
Un deterioro que también impacta en la vida cotidiana
La pérdida del poder adquisitivo ya no es solo una variable macroeconómica, sino una condición cotidiana. El salario alcanza menos, la capacidad de ahorro desaparece y el consumo se vuelve más restrictivo.
En respuesta, algunas empresas comenzaron a implementar herramientas de asistencia financiera o programas de educación económica, aunque siguen siendo minoritarias. La mayoría de las compañías, directamente, no aplica medidas específicas para compensar el deterioro del ingreso real.
Esto refuerza una conclusión incómoda: el sistema de actualización salarial está diseñado para contener la nominalidad, no para recuperar el bienestar económico de los trabajadores.
Un escenario sin señales de recuperación real
El diagnóstico general coincide con los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos: la inflación desacelera respecto de picos anteriores, pero los salarios no logran recomponerse.
En ese marco, las proyecciones para 2026 consolidan una dinámica ya conocida: aumentos que siguen la inflación esperada, pero un poder adquisitivo que permanece estancado o en caída.
La consecuencia es clara, aunque poco discutida: el problema ya no es solo cuánto aumentan los salarios, sino cuánto poder de compra se pierde incluso cuando aumentan.
Supermercados: las ventas en Misiones se desplomaron 8,5% y quedaron entre las peores caídas del paíshttps://t.co/Y8AArvMr1d pic.twitter.com/Fv68jnIswA
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