Los préstamos en pesos al sector privado registraron en abril una leve recuperación y cortaron una racha de dos meses consecutivos de caída. Sin embargo, lejos de interpretarse como una señal sólida de reactivación económica, el dato expone una realidad mucho más delicada: el creciente uso de tarjetas de crédito por parte de las familias para compensar la pérdida de poder adquisitivo.
Según el último informe del Banco Central de la República Argentina (BCRA), el crédito en moneda local avanzó 0,6% real respecto de marzo. El principal motor fue el financiamiento al consumo, especialmente las tarjetas de crédito, que crecieron 3,1% en términos reales.
Aunque desde el Gobierno y algunos sectores financieros el dato fue presentado como un signo de recuperación del crédito, economistas advierten que el fenómeno responde más a la necesidad de financiar gastos cotidianos que a una mejora genuina de la actividad económica o del consumo.
El uso de tarjetas crece porque los salarios no alcanzan
Detrás del repunte del crédito aparece un dato estructural: millones de hogares están recurriendo cada vez más al financiamiento para sostener niveles básicos de consumo.
En un contexto marcado por salarios rezagados, aumentos en tarifas, alquileres y alimentos, las tarjetas de crédito volvieron a convertirse en una herramienta de supervivencia financiera para amplios sectores de la clase media y trabajadora.
La expansión del crédito al consumo ocurre además en un escenario donde los préstamos personales permanecen prácticamente estancados. Según el BCRA, esta línea no mostró cambios significativos en abril, lo que revela que las familias no están tomando deuda para proyectos o inversiones, sino utilizando el crédito rotativo de las tarjetas para cubrir gastos corrientes.
Especialistas remarcan que este tipo de crecimiento no suele ser sostenible. Cuando el crédito se utiliza para compensar ingresos insuficientes y no para expandir consumo genuino o inversión, el resultado suele traducirse en mayores niveles de endeudamiento y morosidad.

La morosidad marca niveles récord y preocupa al sistema financiero
Las señales de alarma ya comenzaron a reflejarse en los indicadores de mora.
De acuerdo con un informe preliminar de la consultora 1816, la irregularidad en créditos destinados a familias alcanzó en marzo el 11,5%, el nivel más alto registrado en los últimos años.
La situación más crítica se observa en los préstamos personales, donde las tasas nominales anuales superan el 60% y la morosidad ronda el 14%.
El deterioro del ingreso real y el aumento del endeudamiento explican por qué los bancos mantienen tasas elevadas para personas físicas, incluso después de que el Banco Central iniciara un proceso de baja de tasas desde febrero.
Un trabajo del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA señaló que las entidades financieras continúan ampliando el spread entre tasas para cubrirse frente al creciente riesgo de impago.
En otras palabras, cuanto más se endeudan las familias para llegar a fin de mes, más caro se vuelve el crédito.
El rebote del crédito no alcanza para hablar de recuperación económica
Más allá de la mejora puntual de abril, los datos todavía están lejos de mostrar una recuperación sólida del sistema crediticio.
El avance de apenas 0,6% real se produce luego de varios meses de contracción y en niveles históricamente bajos de financiamiento respecto del tamaño de la economía.
Además, buena parte de la recuperación se concentra en líneas vinculadas al consumo inmediato, mientras que el financiamiento productivo y la inversión continúan mostrando debilidad.
En el caso de las empresas, los adelantos crecieron 2,4% tras tres meses de caída, pero los documentos comerciales retrocedieron 2%, reflejando que muchas compañías todavía operan con cautela ante la incertidumbre económica y la caída de la demanda.
Créditos hipotecarios y prendarios muestran mejoras moderadas
Dentro de las pocas líneas que mantienen cierta dinámica positiva aparecen los créditos prendarios y los hipotecarios.
Los préstamos prendarios crecieron 3% real mensual, mientras que los hipotecarios avanzaron 0,7%.
Sin embargo, analistas sostienen que estos segmentos todavía representan una porción reducida del total del crédito y no alcanzan para compensar la debilidad general del financiamiento en pesos.
El crédito en dólares sigue creciendo por la estabilidad cambiaria
Mientras el financiamiento en pesos muestra señales frágiles, los préstamos en dólares continúan expandiéndose con fuerza.
Durante abril crecieron en u$s1.398 millones y alcanzaron un récord de u$s22.732 millones.
Consultoras privadas explican que muchas empresas consideran actualmente más conveniente endeudarse en dólares debido a la estabilidad cambiaria y al menor costo financiero relativo frente a los créditos en pesos.
Incluso comenzaron a aparecer préstamos personales en dólares tras los cambios regulatorios que habilitaron a los bancos a prestar divisas propias obtenidas mediante emisiones de deuda.

Billeteras virtuales y fondos Money Market impulsan los depósitos
El informe del BCRA también mostró un fuerte crecimiento de los depósitos asociados a billeteras virtuales y Fondos Comunes de Inversión Money Market.
Las colocaciones de Prestadoras de Servicios Financieros crecieron 5,2% real durante abril, impulsadas por cambios regulatorios implementados por la Comisión Nacional de Valores (CNV).
Este fenómeno refleja cómo muchos ahorristas y usuarios buscan alternativas de liquidez inmediata y rendimientos de corto plazo en un escenario todavía atravesado por la incertidumbre económica.
La recuperación del crédito depende de los ingresos, no solo de las tasas
Aunque el Gobierno y el sistema financiero destacan la estabilización de tasas y la mejora parcial del crédito, economistas coinciden en que la clave para una recuperación genuina no pasa únicamente por el costo del financiamiento.
Sin una mejora sostenida de salarios, jubilaciones y actividad económica, el crecimiento del uso de tarjetas puede transformarse más en un síntoma de deterioro social que en una señal de recuperación.
Por ahora, el rebote del crédito en pesos parece mostrar más una economía donde las familias necesitan endeudarse para sostener el consumo básico, que un verdadero proceso de expansión financiera y económica.
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