La Justicia de Rafaela decretó la quiebra de SanCor, poniendo fin al concurso preventivo iniciado en febrero de 2025 y marcando un punto de quiebre para una de las empresas más emblemáticas del sector lácteo argentino.
La decisión fue adoptada por el juez Marcelo Germán Gelcich, quien convalidó el pedido presentado por la propia cooperativa y sostuvo que la firma atraviesa un cuadro de “insolvencia estructural”, con un proceso de reestructuración que quedó “frustrado” ante la imposibilidad de alcanzar un acuerdo con los acreedores.
El fallo se apoyó en la admisión de la empresa, que reconoció su “imposibilidad de formular propuesta de acuerdo preventivo” debido al volumen del pasivo y su constante crecimiento. Para el magistrado, esa situación constituye una evidencia clara del fracaso del proceso concursal, habilitando la declaración de quiebra sin necesidad de agotar los plazos formales.
Una crisis sin retorno

En su resolución, el juez señaló que la continuidad de la empresa se sostenía en un esquema inviable: “La empresa no genera recursos suficientes ni siquiera para sostener su operatoria ordinaria”, afirmó, al describir un escenario en el que la actividad se financiaba mediante el incumplimiento de obligaciones corrientes.
El deterioro también se reflejó en el aumento del pasivo postconcursal, que —según el expediente— continuó creciendo durante el proceso, configurando un mecanismo de “financiamiento forzoso a costa de terceros”. Esta dinámica, concluyó el fallo, evidencia una “inviabilidad estructural no susceptible de reversión”.
La cooperativa acumula una deuda cercana a los 120 millones de dólares, con más de 1.500 acreedores y atrasos en salarios, cargas sociales y compromisos fiscales, lo que terminó por sellar su destino.
Continuidad limitada para preservar valor

Pese a la quiebra, la Justicia dispuso la continuidad operativa parcial en aquellas plantas que aún se encuentran en funcionamiento, con el objetivo de evitar una caída abrupta del valor de los activos.
Según se explicó, la paralización total podría generar un deterioro irreversible de maquinarias e instalaciones, afectando las posibilidades de recuperación para los acreedores. Por ello, la continuidad se limitará a unidades que puedan sostenerse sin generar nuevas deudas, especialmente aquellas que operan bajo contratos de producción para terceros.
Actualmente, SanCor cuenta con seis plantas industriales distribuidas entre Santa Fe y Córdoba —incluyendo Sunchales, Gálvez, San Guillermo, Devoto, Balnearia y La Carlota—, aunque con niveles de actividad muy por debajo de su capacidad.
El nivel productivo evidencia la magnitud de la crisis: en enero de 2026, la empresa procesó poco más de seis millones de litros equivalentes, una cifra insuficiente para cubrir su estructura de costos. A esto se suma una fuerte capacidad ociosa y la paralización de algunas líneas productivas.
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Venta de activos y fin del salvataje
El fallo también descartó cualquier alternativa de rescate, al rechazar la aplicación del mecanismo de cramdown por la ausencia de “valores rescatables” y la imposibilidad de revertir la situación financiera.
En este contexto, la Justicia dispuso avanzar hacia la venta de los activos de la empresa, mediante un proceso de enajenación que permitirá licitar plantas, marcas y otros bienes, ya sea en conjunto o por separado.
“El valor realizable del patrimonio se concentra en activos físicos y marcarios susceptibles de enajenación ordenada”, señala la resolución, que además contempla la posibilidad de implementar esquemas de locación o leasing para facilitar la transición.
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