Frente al complejo escenario que atraviesa la yerba mate, el Gobierno de Misiones avanza en una serie de estrategias orientadas a sostener al pequeño productor y reconvertir la matriz productiva rural, así lo explicó el subsecretario de Planificación, Extensión y Programas de Financiamiento Rural, Leonardo Amarilla, durante su paso por Radio Up.
Misiones busca sostener al productor con nuevas estrategias productivas
Uno de los principales ejes es el impulso a la producción orgánica, que hoy presenta mejores condiciones de mercado: “Hoy la yerba orgánica se paga el doble”, destacó el funcionario, al tiempo que remarcó que ya no se trata solo de una demanda externa: el consumo interno también comenzó a inclinarse hacia productos diferenciados.
Este cambio en la demanda abre una oportunidad concreta para los productores, aunque implica mayores costos iniciales y procesos de certificación más exigentes. En ese sentido, desde la provincia trabajan en acompañamiento técnico y programas de financiamiento para facilitar la transición.

Otra de las líneas estratégicas es el agregado de valor a la materia prima, con foco en nuevos usos industriales de la yerba mate: “Tenemos que hacer extracto de yerba hay un mercado en pastelería, energizantes y bebidas”, explicó Amarilla.
El funcionario señaló que los hábitos de consumo están cambiando a nivel global, lo que obliga a repensar la forma en que se comercializa el producto: “La gente se quiere tomar un mate en 10 segundos”, graficó, en referencia al crecimiento de formatos listos para consumir.
En paralelo, se promueve con fuerza el modelo de chacra diversificada, una característica histórica de Misiones que hoy cobra mayor relevancia frente a la crisis: “Hoy la chacra es diversificada: piscicultura, apicultura, floricultura eso es lo que defendemos”, sostuvo.

En esa línea, mencionó actividades en expansión como la producción de hongos comestibles, la fruta del dragón y el desarrollo piscícola. Misiones, de hecho, cuenta con alrededor de 5.000 productores piscícolas, aunque en su mayoría orientados al autoconsumo o a circuitos de comercialización local.
El desafío, según explicó, es escalar esa producción y avanzar en infraestructura clave como salas de faena y centros de acopio que permitan ampliar mercados: “No tenemos todavía la sala de faena industrializada para poder generar volumen”, reconoció.
A esto se suma la necesidad de fortalecer condiciones básicas para producir, especialmente en zonas rurales profundas: “Dos cosas para producir: energía y agua, no hay otra”, afirmó, y agregó la conectividad como un tercer factor clave para el desarrollo.
En ese marco, también se llevan adelante programas de protección de vertientes y acceso al agua, fundamentales para garantizar la sostenibilidad productiva y el arraigo rural.
Sin embargo, Amarilla advirtió que el problema de fondo es estructural y trasciende a la yerba: “Llegamos a un punto muy triste, que producir en la Argentina no es negocio”, expresó.
Esta situación impacta directamente en las decisiones de las nuevas generaciones, que muchas veces optan por abandonar el campo ante la falta de oportunidades: “Si yo pierdo mi identidad en la yerba, los pibes no se van a quedar”, alertó.
A pesar del contexto, el funcionario reafirmó el compromiso de la provincia con el sector productivo y la búsqueda de soluciones a largo plazo: “Estamos hablando del trabajo digno de un productor que se le pague por el trabajo que realiza, nada más”, concluyó.



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