La COP30, realizada en Belém do Pará, en el corazón amazónico de Brasil, se presentaba como “la COP latinoamericana”. Para muchos países del Sur Global, era “la oportunidad para sacar varios de los temas que teníamos en agenda”, tal como lo sintetiza Romario Dohmann, integrante del equipo técnico de la Gerencia de Ambiente, GIRSU y Cambio Climático de la Municipalidad de Posadas.
Sin embargo, el balance final dejó “un sabor un poco a poco, esa es la realidad”, reconoce el técnico misionero, que participó de la cumbre y analizó en diálogo con Radio Up los avances, los límites y el lugar que ocupó Misiones en una negociación atravesada por la urgencia climática y las desigualdades estructurales.

“Esta era la nuestra”: expectativas del Sur Global y una cumbre que no terminó de despegar
Desde el inicio, Dohmann subraya la dimensión política del encuentro: “Lo decía el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres: es urgente. Y, lastimosamente, esta COP, la número 30, que era la COP latinoamericana, que todos estábamos contentos, decíamos ‘esta es la nuestra’. Teníamos la expectativa de poder sacar varios de los temas que teníamos en agenda como latinoamericanos”.
Esa ilusión chocó, entre otras cosas, con la ausencia de algunas voces políticas clave. En el caso de Estados Unidos, aclara, no se trató de una ausencia total, sino de la falta de un liderazgo visible: “No es la no participación de Estados Unidos, sino que no participó con una participación política de un representante gubernamental. Sí estuvieron sus negociadores, así como Argentina también, que tiene negociadores que siguen participando. Pero no estuvo la voz política que también tienen las COP”.
Esa falta de peso político, explica, influye en cómo se percibe la cumbre: “Eso es lo que a veces hace que resalte más o menos una de estas conferencias, además del resultado final después de dos semanas de negociaciones”.
En este caso, las discusiones fueron tan complejas que la conferencia terminó extendiéndose: “Duró dos semanas y un día, porque no se llegaba a un acuerdo. Y cuando hablamos de acuerdo, hablamos de consenso. Las COP tienen esta característica: no hay votación, no se vota, no hay ‘salió esta decisión, tantos votos a favor, tantos en contra’. Hasta que no hay consenso, no se cierra el texto”.

Avances y límites: “La ciencia es contundente, esto no tiene marcha atrás”
Pese al “sabor a poco”, Dohmann reconoce que hubo algunos avances. En particular, destaca que “se avanzó en financiamiento, en adaptación” y en la incorporación de la salud como eje central.
En materia de adaptación, la pregunta de fondo fue cómo “podemos adaptar, mejorar nuestras condiciones de vida, nuestras ciudades, nuestros países, nuestros sectores –ya sea alimentación, transporte, agricultura o energía– a estos nuevos contextos”. El clima ya cambió y seguirá cambiando, de modo que la urgencia pasa por transformar la forma en que producimos y vivimos. “El cambio climático avanza, la ciencia es muy contundente. Esto no tiene para atrás si no hacemos los cambios necesarios”, resume.
Por primera vez, además, la salud ocupó un lugar fuerte en la agenda: “Fue la COP en donde se trabajó mucho la salud. En base a la ciencia, cada vez son más las muertes asociadas al cambio climático y a la contaminación del aire. Hay datos que realmente sorprenden”.
Entre esos datos, Dohmann menciona que cerca de 250.000 personas mueren al año por olas de calor, pero lo que más lo impactó fue otro número: “Lo que me sorprendió es el de los 7 millones que mueren al año por la contaminación del aire. Es decir, por el smog, por el monóxido de carbono, etcétera, que afecta nuestras vías respiratorias. Siete millones de personas al año… ¿cuánto es eso? Es seis, siete veces la provincia de Misiones, es muchísimo”.
A eso se suman las enfermedades de transmisión por vectores, como el dengue, el zika o la chikungunya, que están directamente relacionadas con el cambio climático: “Son enfermedades vinculadas al cambio climático, ya sea porque aumenta la intensidad cuando hay estos picos, pero también por la territorialidad. En Argentina lo conocemos muy bien: el dengue era históricamente del NEA, de la frontera, y hoy lo tenemos en Buenos Aires muy presente. Y las proyecciones hablan de cómo avanza hacia otras partes del país donde históricamente no estaba porque había clima frío, pero las temperaturas están aumentando y habilitando que estos mosquitos lleguen más lejos”.
Decisiones no vinculantes y reglas que vienen del Norte
A pesar de los avances temáticos, Dohmann enfatiza que uno de los grandes problemas sigue siendo que muchas decisiones no son vinculantes: “Es la forma de que después se pueda implementar, pero lamentablemente todavía no son vinculantes. Hay algunas medidas que sí, pero muchas no. Entonces dependemos de la voluntad política de cada país”.
Y mientras las negociaciones multilaterales intentan avanzar, surgen también normas unilaterales, como el reciente esquema de la Unión Europea para productos libres de deforestación: “Fue uno de los temas que se tocaron: los tratados o normativas unilaterales, como esta exigencia de la Unión Europea sobre los productos libres de deforestación. La Unión Europea impone sola para el resto del mundo que cualquier producto que entre a la eurozona tiene que estar libre de deforestación, ya sea vaca, soja o madera, por ejemplo. Es algo que lo venían trabajando y lo mantienen”.

“Estamos haciendo muy bien la tarea”: el lugar de Misiones en el tablero climático
Cuando la entrevista se centra en Misiones, Dohmann no duda en reconocer el trabajo realizado: “Nosotros, sí, estamos haciendo muy bien la tarea. Eso es algo que quiero destacar”.
En el caso de Posadas, explica, el municipio ya cuenta con dos inventarios de gases de efecto invernadero: “El municipio tiene dos inventarios de gases de efecto invernadero, que es cuánto emitimos por habitante, por ciudad, en los diferentes sectores. Ya se hicieron dos mediciones y con eso podemos decir: ‘Mirá, nosotros hicimos la tarea a nivel global’”.
La provincia de Misiones también dispone de su inventario, lo que permite identificar con precisión de dónde provienen las emisiones y qué se puede hacer para reducirlas: “La provincia tiene también su inventario de gases de efecto invernadero: identificar de dónde son las emisiones, cuánto hace cada sector y también cuánto se puede hacer para disminuir o contrarrestar esto”.
Con esa “tarea hecha”, Misiones se presentó en la COP30 –junto a otras provincias argentinas– con un objetivo claro: “En esta COP participaron varias provincias argentinas, entre ellas Misiones, buscando financiamiento. Y no es por querer nomás: es una obligación, realmente, porque estamos haciendo bien las cosas y no somos los responsables de las emisiones globales”.
“Somos los que menos emitimos y los que más sufrimos”: justicia climática y deuda
Dohmann resume en pocas cifras la desigualdad que atraviesa el debate global: “Argentina emite el 0,7% de los gases de efecto invernadero. Y, por ejemplo, todo el continente africano emite solo el 4% de las emisiones globales. Pero somos los que más sufrimos las consecuencias y también los más endeudados”.
Por eso, insiste, el Sur Global lleva años planteando lo mismo: “Ya hay un consenso general de que los países que más emitieron históricamente a lo largo de su desarrollo deben compensar. Pero la compensación debe ser por donaciones y no por préstamos, como muchos casos de financiamiento climático lo son”.
En el caso de Misiones, esa demanda se apoya en dos elementos clave: “Misiones tiene dos cositas: por un lado, una política pública ambiental a lo largo de más de 50 años, que trasciende el color político del gobierno de turno, porque es un continuo y ya está regado en nuestra población. Y por otro, la misión que se le encargó al Ministerio de Cambio Climático, que es mostrar a Misiones, a la selva misionera, como un pulmón verde”.

“Acá está Misiones”: el Bosque Atlántico quiere ser visible
En el mapa global, cuando se habla de bosques tropicales y subtropicales, la referencia casi automática es la Amazonia. Sin embargo, Dohmann recuerda que hay otro bioma fundamental que busca su lugar: “En la región América Latina, siempre lo que se lleva todo es la Amazonia. Vos decís en cualquier lugar ‘bosques subtropicales, bosques tropicales’ y te dicen Amazonia. Pero la selva que compartimos con Brasil y Paraguay, que es la Mata Atlántica o Bosque Atlántico, no está visualizada en el mapa global”.
En ese contexto, Misiones aparece como el corazón de ese bosque: “El máximo referente del Bosque Atlántico es Misiones, que es el único que todavía, incluso desde los satélites, uno puede decir: ‘Mirá, acá está Misiones’. ¿Por qué? Porque está más verde”.
Por eso, la provincia busca “venderse bien” en el buen sentido: “Es tratar de educar incluso internacionalmente y vendernos bien, en el buen sentido, decir: estamos haciendo bien las cosas. Exigimos también esa compensación por esta conservación, que no es solo conservar árboles, es mantener biodiversidad, mantener agua”.
El agua, justamente, es otro eje crítico: “El agua fue uno de los temas también. La crisis del agua afronta varios países y estos días fue titular que la capital de Irán estaba sin agua. Esas situaciones de falta de agua van a ser cada vez más frecuentes. Y nosotros también lo vivimos: recuerden 2020, 2021, 2022, la declaración de emergencia hídrica, no solo en algunas provincias, sino en algunos municipios nuestros, en un lugar donde históricamente siempre llovía”.
Municipios en la primera línea, financiación en la última
En el territorio, quienes reciben el impacto más directo del cambio climático son los gobiernos locales: “El que está ahí en el frente de batalla en estas situaciones a veces son los municipios, que deben afrontar la falta de agua, las inundaciones o un tornado”.
Por eso, Dohmann destaca que en esta COP participaron también muchos gobiernos locales: “En esta COP participaron muchos gobiernos locales, municipalidades y provincias, porque son los que están al frente de batalla. Pero, lamentablemente, están medio últimos en la fila a la hora del financiamiento, que va directamente a los países, a los gobiernos centrales”.
“Se habla poco”: la posición argentina y los compromisos climáticos
Consultado por la posición de Argentina en la COP30, Dohman reconoce cierta incomodidad del país con el tema: “Parece que mucho no nos gusta hablar del cambio climático como país”.
En la previa, hubo reuniones virtuales con la Subsecretaría de Ambiente para conocer cómo sería la participación y qué compromisos se presentarían: “Teníamos un documento que presentar, que son las NDC, la contribución que hace Argentina diciendo: ‘Bueno, ¿qué voy a hacer para mejorar?’. Es una tarea obligatoria que deben hacer los países para después acceder al financiamiento”.
Ese documento, que debía presentarse en la primera semana, se demoró: “Lo estuvieron trabajando mucho tiempo y lo iban a presentar en la primera semana de la COP30, pero no se hizo. Y recién hace poquitos días se confirmó que lo presentaron. Pero bueno, se habla poco del tema”.
Aun así, Dohman valora que esta vez Argentina sí estuvo presente durante toda la cumbre: “A diferencia del año pasado, hay que valorar la participación. En la COP29 Argentina llegó y después retiró a sus delegados, y eso sí fue preocupante. En esta oportunidad participó plenamente, un poco más limitado en cantidad de personas, pero estuvo presente”.
Lo que critica es la mezcla entre ideología y necesidades concretas: “Es una pena tener que mezclar cuestiones ideológicas con cuestiones prácticas que le pasan a la ciudadanía, a las provincias. En este caso, somos acreedores: debemos seguir demandando y exigiendo compensaciones por nuestra conservación o por nuestras buenas prácticas”.

“El daño lo producimos nosotros”: ciencia, territorio y responsabilidad compartida
Al final de la charla, Dohman vuelve a la raíz del problema y a la necesidad de escuchar a la ciencia: “En definitiva, el daño lo producimos nosotros, los hombres. Eso la ciencia lo demuestra. Hay que siempre revisar, ir a las fuentes, mirar la veracidad de los datos”.
Su lectura de la COP30 combina reconocimiento y advertencia: hubo avances en financiamiento, adaptación y salud; se consolidó el reclamo del Sur Global; Misiones pudo mostrar su trayectoria y su selva como pulmón verde. Pero, al mismo tiempo, la lógica del consenso lento, la falta de decisiones vinculantes y la desigualdad en el acceso al financiamiento dejan la sensación de que las cumbres corren por detrás de la urgencia climática.
Mientras tanto, territorios como Misiones –con sus bosques, su agua, su población expuesta a olas de calor y a enfermedades como el dengue– siguen en la primera línea. Desde allí, la provincia insiste en hacerse escuchar: no es responsable del problema global, pero sí está pagando sus costos, y por eso reclama que el mapa mundial del clima deje de mirar solo a la Amazonia e incorpore, con nombre propio, a este otro pulmón verde que desde el noreste argentino exige justicia climática.
Pocos puertos y escaso mantenimiento de rutas, las trabas para que Misiones sea competitiva según IERAL https://t.co/3M27EPznyr pic.twitter.com/PlDbetSd2b
— Radio Up 95.5 (@radioup955) November 25, 2025



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