La tensión en Medio Oriente sumó un nuevo capítulo tras la muerte de tres cascos azules de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano en el sur del Líbano, en una serie de ataques ocurridos entre el domingo 29 y el lunes 30 de marzo. El representante de Israel ante la Organización de las Naciones Unidas, Danny Danon, acusó directamente al grupo chií Hizbulá de estar detrás de los hechos.
Según afirmó, las fuerzas de paz fueron alcanzadas por artefactos explosivos atribuidos a la organización en un incidente ocurrido cerca de Bani Ayan.
Las declaraciones del diplomático se produjeron en la previa de una sesión del Consejo de Seguridad, convocada de urgencia ante el agravamiento del conflicto en la región.
Dos ataques en menos de 48 horas

El primero de los episodios se registró el domingo 29 de marzo, cuando uno de los soldados —de nacionalidad indonesia— murió tras un ataque aún no esclarecido, que también dejó a otro efectivo gravemente herido.
Al día siguiente, la violencia se intensificó: un convoy de la misión de paz sufrió una explosión que provocó la muerte de otros dos cascos azules y dejó heridos a dos más. Este segundo hecho es el que Israel adjudicó a Hizbulá.
Sin embargo, el secretario general de la ONU, António Guterres, sostuvo que la explosión continúa bajo investigación y que su origen aún es desconocido, al tiempo que exigió el cese de los ataques contra las fuerzas de mantenimiento de paz.
Acusaciones cruzadas y creciente conflicto
Durante su exposición, Danon aseguró que desde el 2 de marzo Hizbulá lanzó más de 5.000 cohetes, misiles y drones contra territorio israelí, y acusó al grupo de operar desde zonas civiles, lo que —según indicó— pone en riesgo tanto a la población como a las tropas internacionales desplegadas en la región.
“Así es como opera Hizbulá, utilizando áreas cercanas a posiciones de la ONU, lo que deja a los cascos azules en la línea de fuego”, afirmó el embajador, quien también señaló que Israel mantiene coordinación con la misión UNIFIL para reducir riesgos.
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El escenario se enmarca en una escalada de violencia que se intensificó desde principios de marzo, luego de que Hizbulá se sumara al conflicto regional tras la muerte del líder supremo iraní, Alí Jameneí, ocurrida el 28 de febrero.
Desde entonces, Israel reforzó su presencia militar en el sur del Líbano, una zona que volvió a convertirse en epicentro de enfrentamientos y ataques cruzados.
La muerte de efectivos de la ONU encendió alarmas en la comunidad internacional, que observa con preocupación el riesgo de una mayor desestabilización en la región.
Mientras continúan las investigaciones sobre el origen de los ataques, el foco está puesto en evitar una escalada mayor que comprometa tanto a fuerzas internacionales como a civiles en una de las zonas más sensibles del conflicto en Medio Oriente.
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