Oscar Herrera Ahuad trazó una de sus definiciones políticas más filosas al hablar del presidente Javier Milei. Lo hizo durante una entrevista en el programa “Arriba la radio”, por Radio Up, donde señaló que las formas del mandatario no deberían sorprender a nadie porque fueron parte central de su construcción electoral. Sin embargo, dejó en claro que su mayor preocupación no está puesta en el tono, la gestualidad o la confrontación discursiva, sino en las decisiones de gobierno, el impacto económico sobre la población y la distancia entre las promesas de campaña y los resultados concretos.
“No nos tiene que sorprender las formas porque fue electo por esas formas”, afirmó el diputado nacional de Innovación Federal. Con esa frase, Herrera Ahuad buscó salir de una discusión que considera secundaria frente a problemas de fondo mucho más graves. A su entender, Milei fue votado precisamente por ese estilo directo, rupturista y agresivo, por lo que centrar el análisis solo en su tono sería perder de vista lo sustancial.

Las formas de Milei y la investidura presidencial
En su lectura, hay dos planos distintos. Por un lado, la forma en la que Milei se presentó ante la sociedad y consiguió respaldo electoral. Por otro, la responsabilidad institucional que implica ejercer la Presidencia. Aunque reconoció que la investidura exige otras formas, dejó en claro que el verdadero examen debe hacerse sobre la eficacia y el contenido de la gestión.
“Fue electo por la rebeldía. Fue electo por ser una persona directa en su apreciación”, señaló. Pero enseguida agregó un matiz: “La investidura que ya tiene, sí, claro, las formas tienen mucho que ver”. Con todo, el foco principal de su crítica no quedó allí.
Herrera Ahuad insistió en que le preocupa más la consistencia entre lo prometido y lo ejecutado. En ese punto, mencionó como ejemplo la dolarización, una de las banderas más conocidas de Milei en campaña. “La gente votó la dolarización y la dolarización no está”, sostuvo.

“No me vengas a decir que la gente hoy cobra dos o tres veces más”
Uno de los tramos más fuertes de la entrevista estuvo vinculado al salario y al poder adquisitivo. Allí, el diputado cuestionó la interpretación oficial según la cual la baja de la inflación podría presentarse como una mejora equivalente del salario real. Para él, ese razonamiento es engañoso si no se traduce en un incremento palpable de los ingresos.
“No me vengas a decir que la gente hoy cobra dos o tres veces más, porque es palpable, o sea, vos la realidad es una sola”, disparó. Su objeción apuntó a la distancia entre el discurso oficial y lo que ocurre en la vida cotidiana de los trabajadores.
En su razonamiento, una reducción de la inflación o una desaceleración de ciertos precios no equivale a un aumento salarial. A lo sumo, puede mejorar parcialmente la capacidad de pago, pero no modifica el monto nominal del sueldo ni resuelve el deterioro acumulado. Por eso cuestionó la idea de que el Gobierno haya “triplicado” salarios, como se sugirió en el debate público.
“Cuando vos mirás el recibo es el mismo”, sintetizó. La observación va al corazón de su crítica: la economía puede exhibir indicadores macro más ordenados, pero eso no significa automáticamente que la población viva mejor.

El problema de la transición económica
Herrera Ahuad también cuestionó el modo en que el Gobierno nacional avanzó con la desregulación y los aumentos en distintos servicios sin un acompañamiento equivalente para los ingresos de la población. En ese aspecto, sostuvo que el tránsito hacia una economía más desregulada no puede hacerse de manera abrupta si no existen mecanismos que amortigüen el impacto sobre la gente.
“En el tránsito a una economía de libre mercado, si vos no lo vas acompañando con cuestiones que hacen al poder adquisitivo de la gente, es muy difícil que la gente los pueda pagar”, afirmó. La frase resume su mirada sobre uno de los principales desafíos del actual modelo económico: el desacople entre precios, tarifas e ingresos.
Para el legislador, esa transición se aplicó “de arriba para abajo” y de forma acelerada. Como consecuencia, dijo, los hogares comenzaron a convivir con incrementos en tarifas, combustibles y servicios sin la posibilidad de compensarlos con mejores salarios o ingresos estables.

Endeudamiento, tarjetas y falta de confianza
Otro eje de preocupación que marcó Herrera Ahuad fue el endeudamiento creciente de la población. Según advirtió, la realidad económica no puede analizarse solo desde el déficit fiscal o las variables macroeconómicas, porque en paralelo se profundiza la presión sobre la economía doméstica.
“El endeudamiento en tarjetas de crédito está tocando máximos históricos”, alertó. Para el diputado, este fenómeno demuestra que muchas familias sostienen consumos o gastos básicos a través de financiamiento cada vez más difícil de afrontar. En ese escenario, también señaló que los bancos pueden enfrentar problemas si esa dinámica se profundiza.
La falta de confianza en el sistema financiero fue otro de los puntos que remarcó. Al referirse a las medidas para estimular el ingreso de dólares al circuito formal, Herrera Ahuad sostuvo que no alcanza con una habilitación legal si no existe credibilidad suficiente para que pequeños ahorristas den ese paso.
“Es muy difícil que la gente lo meta en el banco”, dijo. Y enseguida diferenció entre los grandes capitales y el ahorro menor, el de quienes fueron comprando dólares de a poco como resguardo. En su mirada, ese pequeño ahorro no va a ingresar al sistema solo por decisión normativa.
La calle como termómetro
Frente al contraste entre la macro y la realidad cotidiana, Herrera Ahuad apeló a lo que escucha en sus recorridas. Allí instaló una idea que, según dijo, resume el clima social del interior: “El gran problema: no hay trabajo y no hay plata”.
La frase sintetiza el núcleo de su preocupación sobre el accionar del Gobierno. No se trata solo de una discusión técnica o parlamentaria, sino del impacto directo sobre el tejido social. Para el diputado, hoy el problema dejó de ser únicamente la falta de recursos estatales y se transformó en una restricción más extendida: la gente directamente no tiene margen económico.
“Antes el Estado no tenía plata. La gente más o menos. Pero ahora es la gente no tiene un mango”, afirmó. Esa comparación fue una de las más contundentes de toda la entrevista y funcionó como un cuestionamiento explícito al modo en que el Gobierno procesa el ajuste.




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