En un esfuerzo por evitar un conflicto militar en Venezuela, el Vaticano gestionó secretamente una salida de Nicolás Maduro hacia Rusia, con el objetivo de ofrecerle un exilio seguro tras las controvertidas elecciones de julio de 2024. La iniciativa, liderada por el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede, se desarrolló en una reunión confidencial el 24 de diciembre de 2025 con el embajador de Estados Unidos ante el Vaticano, Brian Burch. La intención era frenar la incursión militar de EE. UU. y preservar la estabilidad regional.
Según documentos obtenidos por The Washington Post, la propuesta contemplaba que Maduro pudiera mantener su patrimonio y retirarse a Rusia, Qatar o Turquía bajo garantías internacionales de seguridad. El Vaticano reconocía que el presidente venezolano debía dejar el poder, pero insistía en ofrecerle una “salida dorada” para proteger su vida y evitar derramamiento de sangre.

Parolin afirmó al diplomático estadounidense que Maduro habría estado dispuesto a dimitir voluntariamente, pero que la presión de su entorno político, en particular de Diosdado Cabello, lo persuadió de permanecer en el cargo por miedo a represalias. Además, la mediación incluyó un análisis estratégico sobre la posición de Rusia, que según rumores, podría reconsiderar su apoyo a Venezuela si obtenía concesiones en las negociaciones por el conflicto en Ucrania.
El papa León XIV, durante su regreso de El Líbano el 3 de diciembre, había enfatizado la importancia de priorizar el diálogo y la presión económica frente a cualquier acción militar, alertando que el pueblo venezolano sería el principal afectado en caso de enfrentamientos. La Santa Sede, tras la filtración de las conversaciones, manifestó su decepción por la difusión parcial de los contenidos, aunque confirmó su postura de que el cambio de régimen era inevitable, discrepando con los métodos de la Casa Blanca.



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