“Si aprender fuera solamente memorizar saberes, ni siquiera necesitaríamos la escuela”, afirmó al inicio de la entrevista, donde propuso repensar tres preguntas fundamentales: qué es aprender, qué hay que aprender y cómo lograr que una persona quiera aprender.

Según explicó, gran parte de la educación actual sigue enfocada únicamente en contenidos teóricos, cuando aprender también implica desarrollar habilidades, comprensión, trabajo en equipo y experiencias compartidas. “Aprender a escribir, tocar un instrumento o jugar en equipo no es solamente adquirir conocimientos, sino incorporar habilidades y aprender con otros”, señaló.
Cazenave consideró que el sistema educativo argentino continúa atado a una lógica de repetición y memorización que muchas veces genera aprendizajes superficiales y poco duraderos. “El aprendizaje basado puramente en contenidos hoy carece de sentido porque cualquier dato puede encontrarse en segundos con un celular o con inteligencia artificial”, expresó.
En ese marco, sostuvo que la tecnología dejó en evidencia que el modelo enciclopedista quedó obsoleto. “Antes era fundamental memorizar capitales, ríos o fechas. Hoy lo importante es comprender, relacionar conceptos y saber interpretar la realidad”, afirmó.
Uno de los conceptos más fuertes de la charla giró en torno a la idea de que nadie puede ser obligado a aprender. “Es obligatorio ir a la escuela, pero no aprender. El aprendizaje es un acto voluntario”, explicó. Para el educador, la tarea del docente consiste en despertar el interés y lograr que el estudiante encuentre sentido en aquello que se le enseña.
“No te puedo obligar a aprender, como tampoco te puedo obligar a amar”, comparó. Y agregó: “El docente tiene que encontrar la forma de que eso que enseña atraviese al alumno. Ahí aparece el verdadero arte de la pedagogía”.

Durante la entrevista, también criticó los modelos de evaluación tradicionales y aseguró que muchas veces las calificaciones no reflejan comprensión real, sino únicamente capacidad de repetición. “Hay alumnos que sacan diez porque memorizan rápido y otros que entienden profundamente aunque les haya ido mal en una experiencia puntual”, indicó.
Para ejemplificarlo, planteó que muchos estudiantes aprueban exámenes y al día siguiente olvidan completamente lo estudiado. “Es un aprendizaje bulímico: incorporo el contenido, lo devuelvo en el examen y después desaparece”, graficó.
Otro de los puntos que desarrolló fue la necesidad de flexibilizar los programas escolares y permitir que las escuelas puedan adaptar contenidos según la realidad de cada comunidad. “No es lo mismo enseñar en Posadas que en Buenos Aires o Mendoza. Cada lugar tiene necesidades y contextos distintos”, sostuvo.
En ese sentido, consideró que los docentes deben tener mayor libertad para aprovechar temas de actualidad que despierten interés genuino en los alumnos. “Si los chicos llegan fascinados por el lanzamiento de un cohete y el docente sigue encerrado en un contenido preparado hace meses, perdió una oportunidad enorme de enseñar”, explicó.
Además, destacó que existen muchas experiencias positivas dentro de las aulas, aunque muchas veces no se visibilizan. “Hay muchísimos docentes enseñando de manera profunda, significativa y duradera. El problema es que el sistema sigue midiendo cuántos aprueban y no cuánto aprenden”, afirmó.
Cazenave también cuestionó la falta de incentivos dentro del sistema educativo para reconocer a quienes innovan o logran mejores resultados pedagógicos. “La educación argentina no premia al que enseña mejor”, aseguró. Y agregó que muchas veces los ascensos o mejoras laborales dependen más de antigüedad y cuestiones burocráticas que de la calidad educativa.
Finalmente, dejó una reflexión dirigida especialmente a los docentes y educadores: “Hay que hacer todo lo que se pueda con lo que se tenga, en el tiempo y en el lugar que toque”.



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