En Argentina, la donación de leche humana se consolida como una herramienta sanitaria crucial para la supervivencia de bebés prematuros y recién nacidos de riesgo, aunque todavía enfrenta desafíos estructurales que limitan su alcance federal. En el marco del Día Mundial de la Donación de Leche Humana, especialistas advierten sobre la necesidad de fortalecer una red nacional que garantice equidad en el acceso a este recurso vital.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la leche humana donada representa la mejor alternativa cuando un bebé no puede recibir la de su propia madre. Su utilización en unidades de neonatología no solo mejora la nutrición, sino que también reduce infecciones graves, disminuye el riesgo de enterocolitis necrotizante —una de las patologías más severas en prematuros—, favorece la tolerancia digestiva y acelera la recuperación, acortando incluso los tiempos de internación.
La fecha conmemorativa del 19 de mayo surge de la Carta de Brasilia (2005), un acuerdo internacional que impulsa la promoción de la lactancia y la donación como estrategias para reducir la mortalidad infantil. Este año, bajo el lema “Donación de leche humana: solidaridad que nutre, vida que crece”, se refuerza el valor colectivo de una práctica que combina salud, nutrición y compromiso social.
Un sistema en crecimiento, pero con desigualdades
Actualmente, en el país funcionan diez bancos de leche humana, mientras que al menos seis provincias —entre ellas San Luis, San Juan, Santiago del Estero, La Pampa, Jujuy, Salta y la ciudad de Mar del Plata— avanzan en la creación de nuevos espacios. Sin embargo, este crecimiento no es homogéneo.
Desde la Asociación de Bancos de Leche Humana de Argentina señalan que existe una marcada heterogeneidad en el funcionamiento de los bancos. Algunos dependen de servicios hospitalarios como nutrición o neonatología, mientras que otros cuentan con reconocimiento ministerial. Las diferencias también se reflejan en la disponibilidad tecnológica y, sobre todo, en los recursos humanos.
“La posibilidad de donar leche existe donde hay bancos, y allí las mamás que amamantan pueden ayudar a otros bebés prematuros. Es literalmente salvar vidas”, explicó Martín Sapag, presidente de la asociación.
A esta situación se suma la ausencia de un sistema nacional unificado de información y de una rectoría específica que coordine políticas a nivel federal, lo que dificulta la planificación estratégica y profundiza las desigualdades territoriales.

Cómo funciona un banco de leche humana
Los bancos de leche humana son dispositivos sanitarios complejos que articulan comunidad y sistema de salud. Su función va mucho más allá de la recolección: incluyen la clasificación, el análisis, la pasteurización y la distribución de la leche donada bajo estrictos estándares de calidad.
El proceso comienza con controles físicos, químicos y microbiológicos. Luego, la leche se somete a pasteurización mediante el método Holder —a 62,5°C durante 30 minutos— para eliminar posibles microorganismos sin perder sus propiedades esenciales. Finalmente, vuelve a ser analizada antes de su distribución en terapias neonatales.
“La leche humana es un fluido biológico vivo”, explicó Soledad Méndez, especialista en lactancia. Contiene componentes clave como inmunoglobulinas, lactoferrina y oligosacáridos, que cumplen un rol fundamental en la protección del sistema inmune, especialmente en bebés prematuros.
Un puente vital en momentos críticos
En los casos en que la madre no puede amamantar, la leche donada funciona como un “puente biológico” que garantiza la continuidad de una alimentación segura. Este recurso no solo nutre, sino que también protege frente a infecciones y complicaciones propias de la prematurez.
El impacto es significativo: según la Red Global de Bancos de Leche Humana, un solo litro de leche donada puede alimentar durante varios días a un recién nacido prematuro, influyendo directamente en su evolución clínica.
Donar: un acto simple con impacto profundo
A pesar de su importancia, muchas personas desconocen que pueden donar. El proceso es sencillo y seguro, aunque requiere cumplir ciertos criterios: estar en buen estado de salud, ser madre lactante, no consumir alcohol, drogas ni tabaco, no tomar medicamentos contraindicados y realizar estudios médicos.
Toda la leche donada atraviesa controles rigurosos antes de ser utilizada, lo que garantiza su seguridad para los bebés receptores.
El desafío de construir una red federal
Más allá de los avances, los especialistas coinciden en que el gran desafío es consolidar una red federal de bancos de leche humana, capaz de articular territorios, hospitales y equipos de salud.
“Los bancos no son solo espacios de procesamiento. Son dispositivos que conectan la comunidad con las terapias neonatales de alta complejidad”, subrayan desde el sector.
En ese entramado, la donación se convierte en un acto de solidaridad estructural, donde cada aporte individual tiene un impacto colectivo directo en la reducción de la mortalidad infantil y en la mejora de la calidad de vida de los recién nacidos más vulnerables.
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