Dos —sí, dos— eran los diputados con los que La Libertad Avanza empezó a hacer ruido allá por 2021. En plena pandemia, mientras el Congreso funcionaba a media máquina y el país discutía si la libertad era un derecho o un privilegio sanitario, un puñado de votantes porteños decidió mandar a la Cámara baja a los primeros evangelizadores del credo mileísta. Desde un rincón remoto del recinto, con más potencia mediática que respaldo legislativo, instalaban debates que el resto del Parlamento prefería evitar: gasto público, déficit, tamaño del Estado, reformas estructurales. Eran pocos, pero gritaban mucho. Y se los empezó a escuchar.
El salto inesperado a la segunda vuelta en 2023 obligó a improvisar una arquitectura legislativa que ni el propio Milei imaginaba. Nació entonces un bloque experimental de 38 diputados que, como todo experimento argentino, tuvo fugas, traiciones, migraciones estratégicas y rupturas dramáticas. Gobernar sin gobernadores, sin intendentes y sin una estructura territorial real es una obra de riesgo; lo sorprendente es que no terminó en tragedia institucional. Y ahí apareció la mano quirúrgica de Guillermo Francos, el equilibrista político que ordenó votaciones imposibles —Ley Bases, Boleta Única Papel, reformas varias— sosteniendo un gobierno que hacía equilibrio en un alambre demasiado fino.

Pero el mapa cambió. Y cambió fuerte.
Por primera vez en dos décadas, la hegemonía del peronismo y sus derivados perdió su lugar privilegiado en Diputados. La Libertad Avanza pasó de ser un grupo excéntrico en el fondo de la sala a convertirse en la primera minoría, con 94 diputados que se reparten entre los recién llegados y los que decidieron arrimarse al calor del oficialismo ganador. Es el bloque más grande que Milei habrá tenido en toda su gestión, y el que le da —al fin— un músculo político más parecido al de un gobierno real que al de un movimiento antisistema.
Con el resultado todavía fresco, el Ejecutivo no esperó ni 24 horas para anunciar la segunda temporada de su serie favorita: el relanzamiento de la Ley Bases, acompañado de un paquete de reformas penal, tributaria y laboral que el Presidente quiere imponer como hoja de ruta en esta nueva etapa. Milei huele la oportunidad: una ventana legislativa que ningún gobierno sin estructura debería tener y que, si la aprovecha, podría redefinir la arquitectura política del país.
Bullrich y sus aliados del PRO en el senado, y la mesa negociadora de los gobernadores con sus diputados en la cámara baja, serán la formula de ajuste de un congreso que pretende funcionar como realmente debería y con debates que serán sumamente acalorados a lo largo de un verano vertiginoso.
El Congreso, históricamente el lugar donde los proyectos llegaban a morir, podría convertirse en el escenario donde por primera vez en años un gobierno impulse su agenda sin arrodillarse ante la corporación política tradicional. Claro, siempre y cuando los nuevos aliados permanezcan aliados, los recién llegados no exijan demasiado y la libertad no vuelva a convertirse en un concepto meramente declamativo.
Lo cierto es que, después de mucho tiempo, el tablero se reacomodó.
Y esta vez, Milei juega con más fichas que nunca.
Las Pymes, en rojo: cierres de empresas, deuda récord y salarios rezagados https://t.co/G3i8XYrMrx
— Radio Up 95.5 (@radioup955) December 2, 2025



//



