A casi dos años de gestión, la estructura de poder que lo sostiene tambalea por dentro, carcomida por denuncias, filtraciones y sospechas que exponen una interna feroz.
Milei eligió ser, antes que presidente, su propio ministro de Economía. Con la mirada clavada en la macro, descuida el resto de la administración. El verdadero equilibrio de su gobierno reposa en dos figuras: Karina Milei, “la Jefa”, que arma políticamente a La Libertad Avanza, y Eduardo “Lule” Menem, arquitecto de la rosca y los entretelones de la gestión.
Ese binomio hoy está en el ojo de la tormenta. Luego de la filtración de audios pertenecientes a Diego Spagnuolo, ya ex titular de la Agencia de Discapacidad (ANDIS), se destapó el funcionamiento de un mecanismo de coimas, sobreprecios y direccionamiento de contratos que roza directamente a Karina y a Menem. Proveedores obligados a pagar sobreprecios, laboratorios beneficiados con direccionamientos provenientes del estado, un tarifario mínimo del 3% que pasaba por “La Jefa” y un entramado que, según las filtraciones, funcionaba desde hace más de un año.
Los audios que comprometen a Spagnuolo —uno de ellos hablando de un pago de un millón de dólares— no parecen ser obra de la oposición, sino de sectores internos hastiados de las decisiones del eje Karina-Menem. En la Rosada temen que todavía haya más: material inédito, incluso videos, que incriminen a las más altas esferas.
La respuesta oficial fue silencio por varios días, donde recién ayer el presidente de la Camara de Diputados, Martín Menem salió a poner el cuerpo: “Pongo las manos en el fuego por Lule y Karina”, dijo, aunque sin poder asegurar la falsedad de los audios. La estrategia es negar todo. Pero la pregunta queda flotando: ¿por qué tardaron tanto en reaccionar? ¿Fue inexperiencia o mera torpeza?
Mientras tanto, el control de daños se complica. Mientras el Ministro de Salud, Mario Lugones, anunció una auditoría en la ANDIS, buscando llevar cierta certeza de algo, nuevas filtraciones salpican a otras figuras: Sandra Pettovello y Federico Sturzenegger. Este último, como responsable de ordenar el recorte de pensiones a mansalva sin mayores reparos y con el menor de los controles posibilitando un escenario que, habría permitido maniobras fraudulentas en la compra de medicamentos de alto costo.
Fuentes se atreven a señalar que esta bomba no es casual: explota justo cuando el caso del fentanilo contaminado está en su auge, cuando droguerías y farmacéuticas atraviesan el ojo de la tormenta, y cuando sectores muy ligados a García Furfaro buscan llevarse puestas varias víctimas. El entramado sanitario y farmacéutico aparece, así como telón de fondo de una guerra de poder donde nadie parece dispuesto a salir limpio, y hay mucho más detrás de lo que estamos viendo.
El timing no podría ser peor. A menos de dos semanas de una elección clave en Provincia, Milei promete seguir adelante con su plan de gobierno y denuncia intentos de desestabilización y caos por parte del Kirchnerismo. Pero en los hechos, el único crucificado es Diego Spagnuolo. Algunos ya señalan que el próximo podría ser el Ministro Lugones, cuestionado por el desastroso manejo del caso del fentanilo contaminado que sigue cobrando víctimas, pero sin muchos más nombres en la nómina.
Un gobierno que prometió pureza y transparencia desde el primer día, en la actualidad no se muestra muy diferente a todos sus predecesores. El control de daños deberá ser lo más amplio posible, porque hoy este escenario de inexpertos muestra la cruda realidad de un clima donde todos sospechan de todos, todos son posibles traidores y los errores en la gestión se notan a las claras.
El equilibrio que sostiene a Milei se parece más a un acto de circo que a un proyecto de gobierno. Y como toda función de equilibrio, basta un tropiezo para que caigan todos. La sociedad, cansada de guiones repetidos, ya afila la guillotina: si el gobierno no corta cabezas a tiempo, terminará con la suya en el tajo.
Porque la gran paradoja es que la administración que juró terminar con la corrupción de la casta eligió desarmar un área minoritaria y sensible como la discapacidad para transformarla en caja política. Y lo más inquietante es que las miradas apuntan a la mismísima Karina Milei, y por extensión, al propio Presidente. ¿Y si la casta eran ellos?
Por Dr. Bryan Villalba



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