Luego de la fatídica semana que atravesó el gobierno nacional —con derrotas clave en el Congreso que golpearon de lleno la meta del déficit cero y produjeron los movimientos de reacción en un mercado de capitales desbordado—, el presidente decidió dar una jugada inesperada: eliminar las retenciones.
La baja de este impuesto al 0%, aunque sea de manera temporaria hasta el 31 de octubre, sacudió al mercado, que rápidamente retrocedió sobre sus pasos, con alza en acciones y bonos, y rápido descenso del riesgo país. El objetivo es claro: obligar al campo a liquidar, hacerse de dólares frescos y, con la sobreoferta, lograr un respiro en la cotización de una divisa que llegó a tocar picos históricos. La medida no tiene antecedentes recientes y, como mucho de lo que viene ocurriendo, responde a una necesidad imperiosa del gobierno: garantizar el respaldo del Fondo Monetario vía Donald Trump para sostener un plan económico que tiene como fecha puesta el 26 de octubre.
La reacción política fue inmediata. El arco opositor calificó la decisión de oportunista, acusó al oficialismo de desfinanciar al Estado y le recordó que, al mismo tiempo, mantiene paralizadas por falta de fondos leyes ya sancionadas como las emergencias en discapacidad y pediatría. Y fue más allá: envalentonados por las caídas de varios vetos presidenciales en las últimas semanas, la oposición desempolvó el artículo 101 de la Constitución Nacional, que permite al Congreso —con mayoría absoluta— mediante una moción de censura, remover al jefe de Gabinete. Un mecanismo nunca usado en los 31 años de vigencia de la norma.
Y como cualquiera se le anima hoy por hoy al gobierno, Guillermo Francos, hoy parte del “triángulo de hierro” de la gestión, aparece como el principal apuntado en la inacción de reglamentar y poner en vigencia las normas sancionadas por el congreso. El Jefe de Gabinete ya no muestra la muñeca que exhibió en negociaciones claves como la ley bases o en acuerdos con gobernador. Desde San Jose 1111, saben que si reagrupan las filas para conseguir nuevamente la mayoría agravada, pueden dar un golpe inédito y marcar la cancha con un oficialismo que apenas viene sobreviviendo en sus distintos frentes de batalla.
Ya lo dijimos antes, al gobierno le queda muy lejos Octubre. Un mes en nuestro país, tranquilamente es una década en cualquier otro, y desde la rosada no se toma real dimensión de esto. Milei hace agua, su poder de fuego ante todos los frentes abiertos es cada vez menor, y la gravedad de tales situaciones llevan a la supervivencia día a día de un gobierno que solo pareciera interesarle la macro. Por supuesto que el equilibrio fiscal, el precio del dólar y el nivel de inflación son datos claves que permiten que la calle se encuentre dentro de todo lo más calmada posible. De esto son plenamente conscientes en las filas de La Libertad Avanza, saben que una corrida los deja sin chances en las urnas y sin control en el Congreso.
Pero el dato político más demoledor no es la corrida, ni la inflación, ni siquiera el déficit. Lo grave es que la oposición está a un paso de sentar un precedente insólito: decidir desde el Congreso quién puede o no formar parte del gabinete presidencial. Que el “enemigo” político tenga más poder sobre la gestión que el propio Milei. Y ese es un lujo que ningún gobierno se puede permitir. Milei ya demostró que ningún funcionario es indispensable, pero permitir dejar sentado este precedente, es un error que terminaría pagando muy caro. El avance en una moción de censura, mostraría que la oposición tiene no solo más fuerza, sino que también más poder de decisión sobre el manejo del gobierno, que el propio oficialismo.
El Presidente prometió dinamitar la casta. Lo curioso es que, si sigue así, la casta no solo va a elegir quién sostiene la dinamita, sino también cuándo la hace explotar… y contra quién.
Por Dr. Bryan Villalba



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