Las tormentas no siempre traen viento y lluvia; algunas traen baldazos de realidad, enojo civil y movilización política, incluso de quienes se habían declarado contrincantes. Estas tormentas pueden medirse como derrotas de gestión, como ocurrió en el Congreso de la Nación la última semana. Para algunos, las derrotas son el fin; para otros, un llamado de atención; y para unos pocos, una oportunidad. ¿Cuál camino elegirá La Libertad Avanza?
La última semana mostró a la Argentina como un campo de batallas, no bélico, aunque a alguno le hubiese gustado. Fue un campo de debates sobre el tipo de país que queremos, definido por la Constitución y sostenido, sin importar el gobierno, por las prioridades de la nación. La insensibilidad por parte de aquellos que esgrimen la urgencia de sostener el déficit cero, con el Ministro de Economía Luis “Toto” Caputo, quien coloco al país en una mesa de dinero más que en un estado soberano.

Junto al destructor de las instituciones y, hoy por hoy escondido, Federico Sturzenegger. Acompañado por la única prioridad presidencial que es defender a Karina Milei, se transitó una semana donde la política recupero la memoria y utilizo los consensos del sentido común en dos decisiones centrales para el presente y futuro del país.
Lo llamativo no es la unidad de quienes solían ser polos opuestos, sino la terquedad presidencial que maneja al país como si fuera un emprendimiento familiar o de amigos. Fíjese, querido lector: el plan es déficit cero, repetido una y otra vez, sin un programa que lo justifique ni consensos que lo respalden. Tanto es así que se creó un nuevo índice de medición, no homologado pero auspiciado por La Libertad Avanza: el índice riesgo kuka, una manera de encontrar culpables a los problemas propios del gobierno.

En el fútbol, cuando un equipo es superado tácticamente por el conjunto rival, busca tirar la pelota en la otra cancha, lo que le permite conseguir unos minutos de aire y replantear la jugada en pos de evitar el colapso deportivo, algo similar ocurre en la política. La diferencia está en que en uno solo serán fanáticos llorando por la derrota y en la otra un pueblo entero que se pregunta qué será de su vida si no se revierte el rumbo.
Además de las votaciones en el Congreso, que ofrecieron al presidente abrir un diálogo genuino con todo el arco político y agrandar el círculo rojo que él mismo niega pero que constituye su centro, se dio un hecho preocupante: la suba del dólar. Para evitar que esta escalada se volviera insostenible, el gobierno intervino en el mercado, -algo que en campaña había afirmado que no haría jamás- poniendo reservas a disposición de los compradores y vendiendo U$D 1.100 millones en tres días.

Esta importante suma de reservas federales entregadas para sostener el precio del dólar que según el gobierno se dispara por el índice riesgo kuka, resulta tan ridículo como inexplicable. Para dimensionarlo: el debate por la emergencia pediátrica del Hospital Garrahan significa $133.000.000.000, es decir, poco más de 90.000.000 de dólares.
Con esto, podemos entender que el gobierno, por sostener la suba del dólar originada por su incapacidad de dialogar con las fuerzas políticas que forman parte del Estado nacional, decidió en tres días destinar el costo de aproximadamente nueve años de emergencia pediátrica de este hospital, solo para sostener su caprichoso déficit cero.
Seguramente no faltarán los amigos del gobierno que, obnubilados por el relato de Milei, sugieran que este cálculo es erróneo, ya que está tomado desde una perspectiva no proyectada. Sin embargo, lo grave no es la perspectiva, sino la impericia de quienes nos gobiernan: además de demostrar que no planifican cómo mejorar la vida de los argentinos, tampoco tienen un plan de contingencia ante dificultades que puedan ocurrir. La política es el arte de planificar y prever eventos futuros; con esto, o no saben lo que hacen o están cumpliendo un plan que busca borrar 200 años de historia.

Los diputados cumplieron un rol: cada provincia aportó su voto, reafirmando prioridades provinciales y del Estado nacional. En este sentido, Misiones ofreció los votos para que el veto presidencial no prospere. Algunos decidieron insultar los esfuerzos de viejas conquistas votando a favor del veto; otros disfrazaron su posición. La renovación, en cambio, dejó claro que sin educación, sin salud y sin Estado no se puede conducir los destinos de una provincia, mucho menos del país.
El compromiso es con la gente, con el vecino, con aquel que sabe que el Estado debe ayudar y acompañar, no romper. Las decisiones recientes muestran que es posible recuperar la política como memoria y planificación, como herramienta para proteger a quienes más lo necesitan.
Que estas tormentas sirvan de alerta: aún en la adversidad, la política puede elegir el rumbo correcto. El cambio no depende solo de la gestión de turno, sino de la conciencia colectiva y de quienes entienden que un país solo progresa cuando sus instituciones y su gente están alineadas. Porque incluso en las tormentas, la posibilidad de construir un futuro mejor sigue siendo real.



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