La tensión entre el sindicalismo y el Gobierno Nacional llegó a un punto de no retorno. En las últimas horas, el consejo directivo de la Confederación General del Trabajo (CGT) confirmó un paro nacional por 24 horas que se llevará a cabo el miércoles. La medida surge como respuesta directa al proyecto de Reforma Laboral que comenzará a tratarse en la Cámara de Diputados.
El clima dentro de la histórica sede de la calle Azopardo es de máxima alerta. Los principales referentes gremiales consideran que la iniciativa oficialista representa un «ataque frontal» contra el movimiento obrero. Según dejaron trascender, el proyecto busca dinamitar conquistas que costaron décadas de lucha.
Entre los puntos que más preocupan a los sindicatos se encuentra la modificación de la estabilidad laboral. Los dirigentes sostienen que el nuevo régimen facilita los despidos y precariza el empleo formal. Para la cúpula cegetista, no se trata de una modernización, sino de un retroceso histórico.

Otro eje de conflicto es la negociación colectiva. El gremialismo advierte que la letra chica del proyecto apunta a debilitar la fuerza de las paritarias. Consideran que esto dejaría a los trabajadores en una situación de vulnerabilidad total frente a las cámaras empresariales.
La cúpula sindical también puso el grito en el cielo por los cambios en las condiciones de trabajo. Denuncian que la reforma altera las jornadas laborales y las licencias vigentes. «No vamos a permitir que se rifen los derechos de la gente», soltó un dirigente de peso a la salida del encuentro.
Para dar a conocer los detalles de la medida, la CGT convocó a una conferencia de prensa. La cita será este miércoles a las 11 horas en el emblemático edificio de Azopardo. Allí, el triunvirato de mando explicará el alcance del cese de actividades y el plan de lucha a seguir.
Por su parte, la CTA no se quedó de brazos cruzados y ya mueve sus fichas. La central que lidera Hugo Yasky anunció una movilización al Congreso para este jueves. El objetivo es rodear el Palacio Legislativo mientras los diputados debaten, buscando una postal de unidad en la calle.
Esta doble presión, con paro y movilización, marca un nuevo capítulo en la escalada del conflicto social. El Gobierno, por ahora, mantiene su postura de no ceder ante las exigencias gremiales. La Casa Rosada apuesta a que el debate parlamentario avance a pesar del ruido en las calles.
La mirada de todos los sectores está puesta ahora en los bloques dialoguistas de Diputados. De su voto dependerá si la reforma se convierte en ley o si el reclamo del sindicalismo logra frenar el tratamiento. El país se encamina a una jornada de parálisis total en servicios clave.
Se espera que en las próximas horas se definan los cronogramas de transporte y salud. El plan de lucha recién comienza y la central obrera ya advirtió que no descarta profundizar las medidas si el oficialismo no abre una mesa de diálogo genuina.
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