La enfermedad renal crónica (ERC) se ha convertido en uno de los desafíos sanitarios más importantes a nivel mundial debido a su avance silencioso y a las graves complicaciones que puede generar cuando no es detectada a tiempo. Los especialistas alertan que los síntomas suelen aparecer recién en etapas avanzadas, cuando el daño en los riñones ya es significativo y las posibilidades de revertirlo son limitadas.
Según explicó la nefróloga española Belén Alemany en declaraciones difundidas por la revista especializada CuidatePlus, el riesgo de esta enfermedad va mucho más allá del deterioro de la función renal. La especialista destacó que existe una estrecha relación entre los riñones, el sistema cardiovascular y el metabolismo, por lo que las consecuencias pueden extenderse a otros órganos y sistemas del cuerpo.
Diversos estudios científicos han demostrado que las personas con enfermedad renal crónica presentan un mayor riesgo de sufrir infartos, insuficiencia cardíaca, accidentes cerebrovasculares y alteraciones del ritmo cardíaco. Incluso en las etapas iniciales de la enfermedad, antes de que aparezcan síntomas evidentes, ya pueden registrarse efectos negativos sobre la salud cardiovascular.

Los cinco factores de riesgo más frecuentes
Los especialistas identifican cinco factores principales que aumentan significativamente las probabilidades de desarrollar daño renal:
Hipertensión arterial: la presión elevada deteriora progresivamente los vasos sanguíneos de los riñones y reduce su capacidad de filtrado.
Diabetes: el exceso de glucosa en sangre puede afectar los pequeños vasos sanguíneos renales y generar daño irreversible.
Obesidad: incrementa la carga de trabajo de los riñones y favorece la aparición de otras enfermedades asociadas.
Colesterol elevado: contribuye al endurecimiento y estrechamiento de las arterias, afectando la irrigación renal.
Tabaquismo: acelera el deterioro vascular y aumenta el riesgo de enfermedad renal y cardiovascular.
A estos factores se suma el envejecimiento natural del sistema vascular, que comienza a manifestarse con mayor frecuencia a partir de los 40 años.
riesgos
Una enfermedad que puede pasar desapercibida durante años
Uno de los principales desafíos de la enfermedad renal crónica es que puede desarrollarse sin señales evidentes. De acuerdo con los especialistas, muchas personas mantienen una función renal reducida al 25% o incluso al 20% sin presentar síntomas notorios.
Las manifestaciones suelen aparecer cuando la capacidad de filtrado desciende a niveles críticos, cercanos al 10% o 15%. En esos casos pueden presentarse cansancio persistente, hinchazón de piernas y pies, pérdida de apetito, anemia, náuseas y alteraciones en la presión arterial.
Esta característica convierte a la enfermedad renal en una patología difícil de detectar sin controles médicos específicos, lo que refuerza la importancia de la prevención y el monitoreo periódico.
Estudios simples permiten detectar el problema a tiempo
Los especialistas destacan que la detección precoz puede realizarse mediante dos estudios de rutina:
Un análisis de sangre para medir la creatinina y calcular el filtrado glomerular.
Un análisis de orina para detectar albuminuria, es decir, la presencia de proteínas que indican daño renal.
Estos estudios permiten identificar alteraciones antes de que aparezcan síntomas y facilitan la implementación de tratamientos destinados a frenar la progresión de la enfermedad.
Prevención y hábitos saludables
La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que la prevención es la herramienta más efectiva para reducir el impacto de la enfermedad renal crónica. Entre las recomendaciones principales figuran mantener una alimentación equilibrada, controlar la presión arterial y la glucemia, realizar actividad física de forma regular y evitar el consumo de tabaco.
Los especialistas también advierten sobre el uso excesivo de antiinflamatorios como ibuprofeno o naproxeno sin supervisión médica, ya que pueden generar daño renal cuando se utilizan de manera frecuente o prolongada.
Asimismo, alertan sobre el consumo indiscriminado de suplementos proteicos, especialmente entre jóvenes que buscan aumentar masa muscular, debido a que pueden sobrecargar el funcionamiento de los riñones.
La vigilancia médica periódica y el control de los factores de riesgo permiten actuar antes de que el daño sea irreversible. En este sentido, los expertos coinciden en que la información, la prevención y el diagnóstico temprano continúan siendo las mejores herramientas para proteger la salud renal y reducir las complicaciones asociadas a una enfermedad que, en la mayoría de los casos, avanza en silencio.



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