Cada 15 de junio, en el marco del Día Mundial del Dengue, organizaciones sanitarias, especialistas y autoridades internacionales refuerzan las alertas sobre el avance de esta enfermedad viral en expansión. La iniciativa, impulsada a nivel global bajo el lema “One World Against Dengue”, busca concientizar sobre un problema sanitario que hoy afecta a más de 100 países, con un crecimiento sostenido de casos en las últimas décadas. La situación se agrava por la circulación simultánea de sus cuatro serotipos (DENV-1, DENV-2, DENV-3 y DENV-4), la capacidad de reinfección y el aumento de brotes severos en distintas regiones, incluida Argentina, donde en la temporada 2023-2024 se registraron más de 580.000 casos y 419 muertes.
El dengue es una infección viral transmitida principalmente por el mosquito Aedes aegypti. Su complejidad radica en que una persona puede contraer la enfermedad más de una vez, ya que la inmunidad generada tras la infección solo protege contra el mismo serotipo. Una segunda infección por una variante distinta puede incrementar el riesgo de cuadros graves, un fenómeno ampliamente documentado por la evidencia científica.
El infectólogo tropicalista Tomás Orduna, especialista del Hospital Muñiz, advirtió que la coexistencia de múltiples serotipos obliga a diseñar estrategias preventivas integrales. En esa línea, subrayó la necesidad de herramientas capaces de brindar protección amplia frente a todas las variantes del virus.
A nivel mundial, la carga epidemiológica del dengue continúa en aumento. Se estima que alrededor de 390 millones de infecciones ocurren cada año, mientras que en 2024 se alcanzó un récord histórico con más de 14,6 millones de casos notificados y más de 12.000 muertes. Las autoridades sanitarias asocian este crecimiento a factores combinados como el cambio climático, la expansión de zonas urbanas, el incremento de viajes internacionales y la acumulación de agua estancada, condiciones que favorecen la reproducción del mosquito vector.
En este contexto, la prevención se posiciona como el principal eje de control. Especialistas destacan la necesidad de una estrategia coordinada que incluya eliminación de criaderos, vigilancia epidemiológica, educación sanitaria, diagnóstico temprano y vacunación. El infectólogo Pablo Bonvehí, del Hospital Universitario CEMIC y miembro de la Sociedad Argentina de Infectología, remarcó que ninguna medida aislada es suficiente para frenar la transmisión, por lo que resulta indispensable combinar herramientas sostenidas en el tiempo.
En Argentina, la vacuna tetravalente contra el dengue aprobada por la ANMAT en 2023 ya forma parte de las estrategias de inmunización para personas desde los 4 años. Su principal característica es la protección frente a los cuatro serotipos del virus, en un contexto donde circulan simultáneamente distintas variantes.
Los estudios clínicos y de seguimiento abarcaron decenas de miles de participantes en países endémicos y muestran una eficacia sostenida en el tiempo. Los datos indican una protección del 84,1% contra hospitalizaciones a los 4,5 años, cifra que asciende al 90,6% tras una dosis de refuerzo a los 2,5 años, sin hallazgos de seguridad inesperados. Además, se documentó una eficacia consistente frente a los cuatro serotipos durante un seguimiento de hasta siete años.
Bonvehí destacó que la evidencia local también respalda el perfil de seguridad de la vacuna, sin diferencias relevantes en adultos mayores. En paralelo, Orduna señaló que la implementación en distintos países de la región y Asia fortalece la base de conocimiento sobre su desempeño en condiciones reales.
Pese a los avances médicos, los especialistas coinciden en que la participación comunitaria sigue siendo decisiva. La eliminación de recipientes con agua, la limpieza de espacios domésticos, el uso de repelentes y la consulta temprana ante síntomas compatibles continúan siendo medidas esenciales para reducir el riesgo de contagio y contener la expansión del dengue a nivel global.



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