Con la llegada del frío en Argentina, las enfermedades respiratorias vuelven a ocupar el centro de la escena sanitaria y, entre ellas, la bronquiolitis aparece como una de las principales causas de consulta e internación en menores de un año. Especialistas advierten que la detección temprana de los síntomas y la prevención son claves para evitar complicaciones severas en los lactantes.
Según datos del Ministerio de Salud de la Nación, esta infección respiratoria aguda provoca inflamación de los bronquiolos —las vías aéreas más pequeñas— y puede generar distintos grados de dificultad respiratoria, especialmente durante la temporada otoño-invierno.
Un virus frecuente que afecta a los más pequeños
La bronquiolitis es causada por diversos virus, aunque el más común es el Virus Sincicial Respiratorio, responsable de una gran proporción de internaciones pediátricas cada año. Su circulación se intensifica con las bajas temperaturas, lo que incrementa el riesgo de contagio en bebés, particularmente en aquellos con sistema inmunológico inmaduro.
Los síntomas iniciales pueden parecer leves, pero requieren atención. La tos persistente, la agitación, el decaimiento y la dificultad para alimentarse o dormir suelen ser las primeras señales. A medida que el cuadro avanza, puede aparecer respiración acelerada y signos de mayor compromiso respiratorio.
Señales de alerta que requieren consulta inmediata
Los especialistas insisten en la importancia de reconocer los signos de gravedad. Entre ellos se destacan el hundimiento del pecho al respirar, el aleteo nasal, los quejidos respiratorios y el color azulado en labios o uñas, lo que refleja una baja oxigenación. También es motivo de consulta urgente cuando el bebé no logra alimentarse o presenta irritabilidad persistente.
En estos casos, la atención médica inmediata puede marcar la diferencia en la evolución del cuadro.

Bebés con mayor riesgo de complicaciones
No todos los niños enfrentan la bronquiolitis de la misma manera. Los menores de tres meses, los bebés prematuros y aquellos con enfermedades crónicas, cardiopatías congénitas o afecciones pulmonares tienen mayor probabilidad de desarrollar cuadros graves.
Actualmente no existen tratamientos específicos contra el virus. Los antibióticos y jarabes no son efectivos, por lo que el abordaje médico se centra en el control de la oxigenación, la hidratación y la alimentación adecuada del bebé.
Nuevas herramientas de prevención: anticuerpos y vacunación
En los últimos años se incorporaron estrategias preventivas que buscan reducir las formas graves de la enfermedad. Entre ellas se encuentra el anticuerpo monoclonal Nirsevimab, indicado para bebés con alto riesgo, especialmente prematuros o con cardiopatías congénitas.
Además, Argentina implementó la vacunación contra el Virus Sincicial Respiratorio en personas gestantes entre las semanas 32 y 36 de embarazo, una medida que permite transferir anticuerpos al bebé y protegerlo durante sus primeros meses de vida, el período más vulnerable.
Prevención: hábitos clave para reducir contagios
La transmisión de los virus respiratorios ocurre principalmente a través de las manos contaminadas, superficies infectadas y secreciones respiratorias al toser o estornudar. En ese contexto, la prevención domiciliaria se vuelve fundamental.
Mantener la lactancia materna, cumplir con el Calendario Nacional de Vacunación, ventilar los ambientes diariamente y evitar la exposición al humo son prácticas esenciales. A esto se suma la higiene frecuente de manos y objetos, así como evitar el contacto con personas resfriadas.
En temporada invernal, el cuidado cotidiano, la observación de los síntomas y la consulta a tiempo siguen siendo las herramientas más efectivas para proteger la salud de los bebés.
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