El gobierno nacional movió la primera ficha en el tablero pre-electoral, al anunciar el ingreso de reforma electoral al congreso nacional. Buscando repetir el debate dado en 2025 desde el oficialismo buscan eliminar definitivamente las elecciones primarias como principal eje de debate.
Esto que en titulares o anticipos suena casi a poema, presentándose a la reforma electoral como un aggiornamento técnico, casi administrativo, cuando en realidad es una de las decisiones más profundamente políticas que puede tomar un sistema. Porque no cambia sólo cómo se vota. Cambia también, quién tiene más chances de ganar.
La discusión sobre la boleta única, el financiamiento de los partidos o la eliminación de las PASO viene envuelta en un discurso de eficiencia y claridad. Pero la pregunta incómoda es otra: ¿a quién le simplifica la vida y a quién se la complica? Porque las reglas del juego nunca se modifican en abstracto. Siempre hay beneficiados y damnificados.
La experiencia reciente ofrece una pista incómoda. El año pasado, luego de más de una década de implementación, la política nacional entendió que, por una cuestión de ahorro y en sintonía con una sociedad que venía soportando el peso del ajuste, también debía ajustarse. Y así, la suspensión de las primarias apareció como gesto de austeridad.
Luego de casi 3 años del inicio del gobierno de Milei, la política no quiere ser condescendiente con un gesto austero, quiere recuperar el poder de un presidente que se siente levemente debilitado. Y los primeros en notar este mareo son los gobernadores, que sienten que desde casa rosada no solamente hay grandes pendientes hacia sus provincias, sino que entrar a sus territorios a plantear modificar las reglas de juego electorales, parece casi hasta un atropello.
Hoy el panorama es bastante menos claro. En el Congreso, los votos no están garantizados ni siquiera dentro del universo de aliados. Gobernadores como Osvaldo Jaldo o Gustavo Sáenz no miran la reforma con los mismos ojos que la Casa Rosada. Y no por una cuestión de principios republicanos, sino por algo bastante más terrenal: cómo impacta esto en sus propios territorios.
Porque hay un efecto dominó que rara vez se dice en voz alta. Cambiar el sistema electoral nacional no se queda en Nación. Las provincias que tienen Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias —o algún esquema similar— quedan automáticamente condicionadas. Mendoza, Chaco, Entre Ríos, Buenos Aires, CABA, Santa Fe y Catamarca no discuten en abstracto: discuten su propio tablero.
Y ahí aparece una alternativa negociadora que, a priori, suena inviable: modificar las PASO sin eliminarlas. Convertirlas en no obligatorias, por ejemplo, suena razonable en la superficie. Más libertad, menos imposición. Pero en la práctica implica otra cosa: bajar la participación en la instancia que ordena la oferta electoral.
¿Quién gana con unas primarias menos concurridas? Difícil pensar que sean los espacios fragmentados o las oposiciones en construcción. Más bien al contrario: los aparatos consolidados, los que tienen estructura, disciplina y capacidad de movilización incluso cuando votar deja de ser obligatorio.
Es decir, otra vez, no es una discusión técnica. Es una discusión de poder.
Y ahí es donde el discurso de la modernización empieza a hacer ruido. Porque si la reforma fuera sólo para mejorar el sistema, no habría tantas tensiones entre aliados, ni tanta lectura fina en cada despacho provincial. Nadie pelea tanto por algo que no le cambia nada.
En política, las reglas importan. Pero no por su elegancia institucional, sino por su efecto concreto. Definen quién entra, quién queda afuera y en qué condiciones compiten.
Por eso el debate que se viene será más en los despachos de cada gobernador que en el recinto de una de las cámaras. Milei deberá volver a encantar a cada mandatario provincial no solamente con la billetera, sino también con un pacto de no agresión en sus provincias, dejando la cancha liberada, para lograr los votos que permitan modificar el sistema electoral, y con ello buscar su reelección.
Las primeras fichas de esta nueva partida se han presentado sobre la mesa. Ahora es momento de observar como los actores las juegan.
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