Un informe del Observatorio de Industriales Pymes Argentinos (IPA) reveló que la industria manufacturera concentró el 97% de los puestos de trabajo perdidos en el país durante febrero. De los 7.593 empleos formales que desaparecieron en toda la economía, 7.336 pertenecieron al sector fabril. El titular de IPA, Daniel Rosato, advirtió que este fenómeno responde a un cambio estructural del modelo económico impulsado por el Gobierno nacional.
Rosato señaló que el esquema actual beneficia apenas a tres sectores exportadores mientras condena al cierre a las unidades productivas que generan valor nacional. “La Argentina reconvirtió el modelo de país de empleo y desarrollo en uno extractivista y primario”, sentenció el dirigente empresarial. Según su análisis, el rumbo económico prioriza la estabilidad macroeconómica para unos pocos, a costa del tejido industrial del país.
Alertan por el vaciamiento del corazón productivo de Argentina
Históricamente, las pequeñas y medianas empresas industriales son las últimas en desprenderse de su personal debido a la alta inversión en capacitación de sus trabajadores. Sin embargo, el informe advierte que ese margen de maniobra se agotó por completo. De las 11.000 empresas que cerraron en el último año, casi 2.000 fueron fábricas.
“Como anticipamos, la industria es la última en despedir a un trabajador por la formación constante que tiene y por eso aguarda hasta la última consecuencia. Este año ya estamos en la etapa final”, graficó Rosato. Desde la llegada de la administración de Javier Milei, el sector acumula una pérdida de 79.672 trabajadores registrados, una cifra que evidencia el vaciamiento del corazón productivo del país.
Desmitifcaron el superávit comercial registrado en marzo
El informe del Observatorio IPA, dirigido por el economista Federico Vaccarezza, identifica una trampa mortal para la competitividad industrial llamada efecto pinza. Mientras los costos en pesos como tarifas, salarios e insumos suben impulsados por la inflación, el tipo de cambio se mantiene estancado en torno a los 1.400 pesos. Esta situación encarece la producción local en dólares y deja la vía libre a los productos importados.
El estudio también desmitifica el superávit comercial de 2.523 millones de dólares registrado en marzo. IPA lo define como un “superávit por compresión” o de sesgo recesivo, lejos de ser un éxito exportador. El saldo positivo se explica por el derrumbe de las importaciones de bienes de capital y piezas para la industria, que cayeron un 10 por ciento en cantidades, lo que evidencia un parate total en la inversión.
“El plan de primarización, con una balanza comercial positiva por el apagón de los motores de las fábricas, tendrá su crisis en el empleo de manera más profunda en este 2026”, adelantó Rosato. El dirigente advirtió que el modelo actual no genera desarrollo sostenible, sino que profundiza la dependencia de materias primas.
Eslabones de la cadena industrial analizan cierres definitivos
La crisis de las fábricas tiene su contracara en un mercado interno fuertemente retraído. El consumo cayó un 3,1 por ciento interanual en febrero, pero el dato más alarmante es cómo están comprando los argentinos. El 60 por ciento de las compras en supermercados se realizaron mediante endeudamiento con tarjeta de crédito, un síntoma del deterioro irreversible del poder adquisitivo de las familias.
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Rosato lamentó que la ruptura de la cadena de pagos afecte a prácticamente todos los eslabones de la economía real. “Miles de fábricas, comercios y servicios que estaban enlazados de manera directa e indirecta, ahora están en procesos de cierres definitivos”, advirtió el dirigente. La advertencia final de IPA es que este modelo extractivista dejará a más del 75 por ciento de la fuerza laboral fuera del sistema de empleo registrado, sin que ningún otro sector pueda reemplazar esa demanda.



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