La caída del empleo formal en Argentina se profundiza en un contexto de retracción productiva, especialmente en el sector manufacturero. Un informe del sector privado advierte que el deterioro de la industria nacional ya provocó más de 100.000 despidos, entre puestos directos e indirectos, mientras crece en la sociedad el reclamo por políticas activas que reviertan el escenario.
El relevamiento del Grupo Atenas estima que la contracción de la actividad industrial derivó en la pérdida de 73.000 empleos registrados directos, a los que se suman unos 30.000 indirectos vinculados a sectores como insumos, servicios, logística, comercio y construcción. De este modo, la merma total asciende a alrededor de 104.000 puestos de trabajo afectados por la caída de la producción manufacturera.
El efecto multiplicador de la industria
Según explican los economistas Martín Pollera y Mariano Macchioli, autores del informe, la industria no solo genera empleo directo, sino que actúa como un nodo central dentro de la estructura productiva.
“Cuando se genera un nuevo empleo industrial, se activa una cadena completa de actividades económicas”, sostienen. En esa línea, advierten que medir el impacto únicamente en función del empleo directo resulta insuficiente, ya que cada puesto en el sector manufacturero impulsa múltiples ocupaciones en otras áreas.
Para sustentar esta mirada, el estudio retoma un paper de 2022 sobre multiplicadores del empleo industrial, lo que permite dimensionar el efecto en cascada que produce la contracción del sector. “Cuando una fábrica cierra, no cierra sola: arrastra al proveedor, al transportista y al comercio del barrio”, explicó Pollera, al describir el impacto territorial del fenómeno.

Una caída sin compensación en otros sectores
Uno de los puntos más críticos del informe es la ausencia de compensación en otros rubros de la economía. Mientras el sector industrial pierde empleo de manera sostenida, actividades como el agro, la energía o la minería no logran absorber esa mano de obra.
El agro, por ejemplo, generó apenas 10.000 puestos de trabajo, una cifra muy por debajo de las pérdidas industriales. En tanto, sectores como energía y minería presentan un saldo negativo, con más empleos destruidos que creados.
El impacto es particularmente fuerte en la Provincia de Buenos Aires, donde se registraron 46.000 empleos formales perdidos. Según el informe, una parte significativa de esos trabajadores migró hacia la informalidad laboral, con condiciones más precarias, menores ingresos y pérdida de derechos.
Efectos estructurales y dificultades para la recuperación
Más allá de los números actuales, el documento advierte sobre las consecuencias de largo plazo de la desindustrialización. Entre ellas, menciona la obsolescencia de instalaciones, el deterioro del capital humano técnico y un clima adverso para la inversión.
“El desmantelamiento industrial genera efectos negativos persistentes”, señala el informe, que además cuestiona la inestabilidad en las reglas de juego. Según los economistas, los cambios constantes en la política económica profundizan la fragilidad productiva y desalientan nuevos proyectos de inversión.
El impacto político y el cambio en la opinión pública
La crisis industrial comienza a trasladarse al plano político. En paralelo a los datos económicos, distintos estudios de opinión muestran un deterioro en la imagen del presidente Javier Milei y una creciente preocupación social por el empleo y los salarios.
En este contexto, un estudio del consultor Hugo Haime revela un cambio significativo en las prioridades del electorado. El 56% de los argentinos considera que el próximo presidente debería impulsar una política de estabilidad económica con fortalecimiento de la industria nacional y generación de empleo.
En contraste, solo un 23% respalda la continuidad del actual modelo económico, mientras que un 18% propone reforzar el rol del Estado para intervenir en ingresos y trabajo.

Un problema económico que se vuelve estructural
La combinación entre caída del empleo formal, falta de absorción en otros sectores y deterioro de las expectativas configura un escenario complejo. La industria, históricamente motor del empleo de calidad, atraviesa una retracción que no solo impacta en los indicadores económicos, sino también en la cohesión social.
En este marco, la discusión sobre el rumbo productivo del país vuelve a ocupar un lugar central. La evidencia muestra que la crisis industrial ya no es solo un problema sectorial, sino un desafío estructural que condiciona el presente y el futuro del mercado laboral argentino.
La Cámara Federal de Posadas avaló las audiencias por la Ley de Glaciareshttps://t.co/xTpIdZFEcn pic.twitter.com/dNa8mnpeUK
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