La lucha contra el dengue en Posadas tiene un dato clave que condiciona todas las estrategias sanitarias: la mayoría de los criaderos del mosquito Aedes aegypti no está en espacios públicos, sino dentro de las casas. Así lo explicó Fabricio Tejerina, director de Epidemiología de la Municipalidad de Posadas, durante una entrevista en Radio Municipal, donde brindó precisiones sobre los resultados de los relevamientos territoriales y el trabajo preventivo que se realiza barrio por barrio.
Según detalló el funcionario, los operativos de control permitieron identificar que baldes, tachos, floreros, portamacetas y neumáticos explican cerca del 70% de los criaderos detectados en los patios de los vecinos. “Entre eso y los neumáticos explican casi el 70% de las cosas que tienen los posadeños en sus patios con agua y con larvas de mosquito”, señaló.
Durante una semana se visitaron 7000 casas en el maco del operativo LIRAa, donde se registró un rechazo del 13%, es decir, los residentes no permitieron el ingreso de los empleados que estaban debidamente identificados y el 45% de los hogares estaban cerrados. “La ciudad cuenta con 12 delegaciones municipales, de las cuales los barrios más afectados resultaron ser Santa Rita, Itaembé Miní, San Lucas, e Itaembé Guazú”, detalló.

Criaderos que no se tiran, se tratan
Tejerina remarcó que una de las principales dificultades es que estos objetos no suelen ser descartados, sino que forman parte del uso cotidiano de los hogares. “La otra característica importante de eso es que la gente no va a tirar eso, no lo descacharra. Entonces, lo que tiene que hacer es tratarlo internamente”, explicó.
En ese sentido, insistió en que las acciones preventivas son simples y accesibles para cualquier vecino: “Darlo vuelta, ponerlo bajo techo, perforar si se puede perforar, limpiar cada siete días. Son cosas muy sencillas que cualquier vecino puede hacerlo”.

Casas cerradas y viviendas rechazadas
Otro dato relevante que surge del trabajo territorial es el alto porcentaje de viviendas a las que no se puede acceder durante los operativos. Tejerina indicó que el 45% de las casas visitadas estaban cerradas al momento del relevamiento. “Uno de los registros que se hace es cuando no hay nadie en la casa, o hay menores, o están niñeras o empleados y no te permiten pasar. Eso lo ponemos como cerrado”, detalló.
Además, existe una categoría específica de viviendas rechazadas, que representan alrededor del 13%, donde directamente no se autoriza el ingreso del personal sanitario. Aun así, destacó que el volumen de trabajo permite obtener un diagnóstico claro: “Con la cantidad de casas visitadas, que fueron más de 7.000, eso nos permite ya tener un dato de lo que está pasando en la ciudad”.

Barrios con índices más altos
Posadas cuenta con 12 delegaciones, cada una con numerosos barrios y realidades distintas. En ese marco, Tejerina aclaró que los informes no señalan zonas completas, sino sectores puntuales donde los índices están por encima del promedio. Entre los barrios mencionados se encuentran Santa Rita, Itaembé Miní e Itaembé Guazú, este último con sectores que comenzaron a mostrar valores elevados en los últimos relevamientos.
“Itaembé Guazú es una ciudad en sí misma”, explicó, y recordó que Posadas supera las 125.000 viviendas, lo que hace que las condiciones ambientales y sociales sean muy diversas. Además, subrayó que los índices son dinámicos: “A veces hay un lugar donde hay poca cantidad de mosquito en un LIRAa y en el siguiente monitoreo, en tres o cuatro meses, aumenta”.

Educación y percepción del riesgo
Uno de los ejes centrales del trabajo sanitario es la educación puerta a puerta. “Una de las tareas nuestras es poder educar, transmitir esta información para cambiar la actitud de la gente”, sostuvo Tejerina. Durante las visitas, el personal muestra a los vecinos dónde están las larvas y explica las consecuencias: “Esas larvas se van a transformar en un mosquito, que de mínima te va a picar y de máxima te puede enfermar y hasta matar”.
El funcionario reconoció que la respuesta de la comunidad es diversa. “Hay gente que lo toma bien y hace las medidas pertinentes, otros dicen ‘yo ya limpié el agua de la última lluvia’ y sabemos que está hace mucho tiempo. Hay casas que visitamos varias veces y siempre encontramos larvas”.
También destacó que quienes atravesaron la enfermedad suelen cambiar sus hábitos: “Hay gente que se enfermó de dengue, la pasó muy mal y hoy limpia toda la casa, ordena todo y evita tener cosas con agua”.
Huevos resistentes y limpieza correcta
Tejerina aclaró un punto clave en la prevención: no basta con tirar el agua. “Lo que quedan no son las larvas, sino los huevos del mosquito, que pueden durar hasta un año”, explicó. Cuando el agua vuelve a subir por una lluvia, esos huevos eclosionan y en siete días aparecen nuevos mosquitos.
Por eso, recomendó una acción concreta: “No hay que pasar lavandina ni detergente. Solamente cepillando las paredes del recipiente y tirando el agua al piso, esos huevitos se despegan y se mueren”.
Patios limpios, pero con riesgo
Finalmente, Tejerina advirtió que un patio prolijo no siempre es un patio seguro. Contó el caso de una vivienda con más de 80 orquídeas, donde cada platito portamaceta tenía larvas. “El patio estaba limpio y ordenado, pero era un riesgo alto porque tenía lugares que acumulaban agua”, relató.
El mensaje final es claro: la prevención del dengue empieza en casa. “Todos los vecinos de Posadas tienen que mirar su patio, sobre todo después de la lluvia. Es una tarea sencilla, no lleva mucho tiempo y evita que tengamos mosquitos y enfermedades”, concluyó.



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