La discusión sobre el precio de los alimentos suele centrarse en la inflación, los márgenes comerciales o los costos de producción. Sin embargo, un aspecto estructural y muchas veces subestimado es el peso de los impuestos dentro del precio final. Un estudio reciente del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) aporta datos contundentes sobre la presión impositiva: en 2025, entre el 42% y el 43% del valor de un alimento corresponde a impuestos y cargas previsionales, considerando la legislación vigente a nivel nacional, provincial y municipal.
El cálculo contempla toda la cadena productiva y comercial, desde la provisión de insumos hasta la venta minorista, y se basa en la legislación impositiva vigente durante 2025.

Cómo se construye el precio de un alimento
El precio que paga el consumidor surge de una cadena que incluye varios eslabones: proveedor de insumos, industria, distribuidor mayorista y comercio minorista. En cada uno de esos tramos se aplican distintos impuestos y contribuciones obligatorias que, acumulados, terminan impactando directamente en el valor final.
El análisis toma como referencia un alimento que tributa IVA pleno del 21%, lo que permite observar con claridad el peso de los tributos sobre productos de consumo masivo. A lo largo de la cadena, se incorporan impuestos nacionales como el IVA, el Impuesto a las Ganancias y el impuesto al cheque; tributos provinciales como Ingresos Brutos; tasas municipales; y los aportes y contribuciones al sistema de seguridad social.

Comercios pequeños y grandes: diferencias mínimas, carga alta
Cuando el alimento se vende en un comercio minorista pequeño, la carga tributaria total alcanza aproximadamente el 42% del precio final. En ese esquema, el impuesto con mayor incidencia es el IVA, seguido por los aportes a la seguridad social, el impuesto a los Ingresos Brutos y el Impuesto a las Ganancias. En menor medida aparecen el impuesto al cheque y las tasas municipales.
En el caso de los comercios minoristas grandes, como supermercados o hipermercados, la carga tributaria sube al 43%, apenas un punto porcentual más. La diferencia se explica principalmente por una mayor incidencia relativa de tributos provinciales y municipales, mientras que los impuestos nacionales mantienen un peso similar.

Qué impuestos pesan más en la góndola
Al desagregar la carga tributaria, se observa que:
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El IVA es el principal componente y explica más del 40% de toda la carga impositiva total.
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Los aportes a la seguridad social representan alrededor de una quinta parte del total, incluyendo jubilaciones, obra social, ART y contribuciones sindicales.
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El impuesto a los Ingresos Brutos, de carácter provincial, ocupa el tercer lugar y tiene un fuerte impacto por su aplicación en cascada sobre las ventas.
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El Impuesto a las Ganancias, el impuesto al cheque y las tasas municipales completan el esquema.
Aunque algunos de estos tributos parecen de bajo impacto individual, su acumulación a lo largo de la cadena productiva genera un efecto significativo sobre el precio final.
El efecto cascada y su impacto en el consumo
Uno de los puntos críticos del sistema tributario argentino es la presencia de impuestos que se aplican sobre la facturación y no sobre la ganancia, como Ingresos Brutos y algunas tasas municipales. Este mecanismo provoca un efecto cascada, en el que el impuesto se va trasladando de un eslabón a otro hasta llegar al consumidor.
En contextos de recesión o caída del consumo, este esquema explica por qué los precios de los alimentos muestran una fuerte rigidez a la baja. Incluso cuando las ventas disminuyen o los márgenes empresariales se achican, la carga impositiva se mantiene, presionando sobre el precio final.

Un debate estructural sobre el costo de vida
Que casi la mitad del precio de un alimento sean impuestos plantea un interrogante central sobre la estructura tributaria y su impacto social. En un país donde los alimentos ocupan una porción relevante del gasto de los hogares, especialmente en los sectores de menores ingresos, la presión fiscal sobre bienes esenciales se convierte en un factor clave del costo de vida.
El dato también reconfigura el debate público: más allá de la inflación, los costos logísticos o la rentabilidad empresarial, el sistema impositivo aparece como un componente determinante en la formación de precios. Comprender su peso resulta indispensable para analizar políticas de alivio al consumo, reformas fiscales o estrategias para mejorar el acceso a los alimentos.



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