La crisis en Venezuela dejó de ser un conflicto regional para convertirse en un punto de inflexión del sistema internacional. Así lo analizó Fernando Straface, director del Centro de Estrategias Internacionales de Gobiernos y Organizaciones de la Universidad Austral y profesor de la Escuela de Gobierno, al trazar un diagnóstico que vincula la salida del régimen venezolano con una reconfiguración profunda del equilibrio global de poder.
Straface sostuvo que “lo ocurrido en Venezuela constituye un hecho de impacto global, por su efecto directo en el equilibrio internacional de poder, comparable a otros grandes hitos recientes del sistema internacional”. En ese sentido, remarcó que no se trata de episodios aislados sino de una gran estrategia de los Estados Unidos, donde los aspectos operativos quedan subordinados a una decisión política de mayor alcance.

Un quiebre en la política exterior de Estados Unidos
El analista explicó que “Estados Unidos decidió ejercer de manera explícita, directa y no condicionada su influencia en el continente americano”, marcando una ruptura con décadas de retórica multilateral y de no intervención.
En ese marco, interpretó la reactivación de la Doctrina Monroe, resignificada por Donald Trump como “Doctrina Donroe”, como un mensaje político claro: el hemisferio occidental vuelve a ser considerado una zona estratégica bajo responsabilidad estadounidense.
El petróleo como eje de la disputa global
Uno de los puntos centrales del análisis de Straface es el rol del petróleo venezolano. “Venezuela posee las mayores reservas probadas del mundo, un recurso crítico para la seguridad energética global”, afirmó. Según explicó, esas reservas estaban siendo explotadas por un régimen dictatorial enfrentado a Washington y que abastecía de petróleo barato a China, potencia emergente en disputa directa con Estados Unidos.
Desde esta óptica, “un recurso estratégico de esa magnitud no podía seguir dependiendo de un régimen alineado con Rusia, China e Irán”. La intervención, señaló, apunta a recuperar el control político y económico sobre la explotación petrolera, incluyendo la restitución de derechos a empresas estadounidenses, pero con una mirada que excede el corto plazo: el petróleo venezolano es una pieza clave en la competencia geopolítica global por energía, cadenas de suministro y poder estratégico.

Dictadura, derechos humanos y debate internacional
En el plano político, Straface fue categórico: “Venezuela es una dictadura, que concentra el poder, reprime libertades y viola sistemáticamente los derechos humanos”. Sin embargo, advirtió que la celebración por el fin del dictador convive con un debate legítimo sobre el “cómo”, es decir, sobre la legalidad y legitimidad de la intervención en el marco del derecho internacional.
Según su análisis, este episodio pone en tensión al multilateralismo surgido tras la Segunda Guerra Mundial, con la Organización de las Naciones Unidas como eje. “La intervención representa una tecnología política alternativa, más eficaz que los mecanismos institucionales tradicionales para enfrentar quiebres democráticos”, sostuvo, al tiempo que remarcó que interpela de manera directa a la ONU sobre su capacidad real de respuesta.

Un sistema internacional en transición
Straface enmarcó lo sucedido en una crisis más amplia del orden global. “Las reglas tradicionales del sistema internacional están en crisis y atraviesan una transición rápida y conflictiva”, afirmó. En ese escenario, se consolida un enfoque realista de las relaciones internacionales, donde priman las relaciones de poder por sobre las normas escritas, y avanza una lógica de áreas de influencia: Estados Unidos en América, Rusia en su periferia regional y China en Asia.
Este nuevo orden aún no está institucionalizado, pero se manifiesta en los intentos de Trump por negociar entendimientos estratégicos con Rusia y China, respetando esferas de influencia.
La dimensión humanitaria y el escenario futuro
Frente a la tragedia humanitaria venezolana, Straface introdujo el concepto del bien superior. “El éxodo de más de 8 millones de venezolanos constituye uno de los desplazamientos humanos más grandes de la historia moderna”, señaló, y consideró que la salida de Maduro es vista como un primer paso para terminar con la tiranía, aunque el proceso posterior sigue siendo incierto.

En ese sentido, advirtió que no está definido el camino institucional inmediato: “La asunción de las autoridades opositoras electas no parece, por ahora, la opción prioritaria de Estados Unidos”. Por el contrario, se perfila una posible trayectoria de entendimiento entre Washington y el gobierno encabezado por Delcy Rodríguez, con el petróleo como denominador común.
Finalmente, Straface subrayó que “la legitimidad internacional de la intervención de Estados Unidos en Venezuela dependerá de la voluntad y eficacia para avanzar en un verdadero cambio de régimen”, que incluya transición democrática, restitución de derechos, fortalecimiento institucional y participación real de la oposición.



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