Mientras Trump asegura que los Estados Unidos “dirigirán” a Venezuela hasta una transición, la resistencia chavista y la presión internacional por la asunción del presidente electo en 2024, Edmundo González Urrutia, configuran las tres vías posibles para el “día después.
En ese contexto, tres caminos posibles comienzan a delinearse para el futuro inmediato del país.
Una administración transitoria bajo tutela de Estados Unidos
El primero de los escenarios surge tras declaraciones del presidente Donald Trump, quien aseguró que Estados Unidos estaría dispuesto a “administrar temporalmente” Venezuela con el argumento de garantizar estabilidad y evitar un colapso institucional.
Este esquema incluiría control de áreas estratégicas, un rol directo sobre la industria petrolera con el regreso de empresas estadounidenses a PDVSA, y un despliegue de fuerzas de seguridad internacionales para resguardar infraestructura crítica. Desde la Casa Blanca también se deslizó la posibilidad de una junta provisoria de transición, ante las dudas sobre la capacidad inmediata de la oposición para asumir el control total del Estado.
La reacción del chavismo y el riesgo de un conflicto interno
El segundo escenario es el más explosivo. Sectores del núcleo duro del chavismo rechazan cualquier salida negociada y hablan abiertamente de resistencia armada. Con Delcy Rodríguez fuera del país y mensajes públicos de Nicolás Maduro Guerra llamando a la movilización, crece el temor a una escalada de violencia interna.
Analistas advierten sobre la posible articulación entre colectivos armados, sectores militares y fuerzas policiales leales, amparados en un estado de excepción firmado antes de la caída del mandatario, lo que podría derivar en guerrilla urbana y caos social.
La presión internacional por una transición democrática
El tercer camino es el que impulsa buena parte de la región. Gobiernos como los de Argentina, Paraguay y Panamá reclaman que se respete el resultado de las elecciones presidenciales de 2024, que consagraron a Edmundo González Urrutia como presidente electo de Venezuela.
Desde el exilio, González aseguró estar listo para regresar y encarar una reconstrucción institucional, mientras María Corina Machado, figura central de la oposición, ya trabaja en un plan de emergencia para las primeras horas de gobierno, enfocado en estabilizar la economía y restablecer relaciones financieras internacionales.
El desafío es mayúsculo: inflación proyectada superior al 680% en 2026, reservas agotadas y una deuda externa crítica, que obligaría a negociaciones inmediatas con el FMI y el Banco Mundial.
Mercados, petróleo y efecto regional
El impacto del “día después” no se limitaría a Venezuela. Los mercados energéticos siguen con atención la apertura de los futuros del petróleo, clave para medir la confianza internacional.
Un proceso ordenado podría acelerar el retorno del crudo venezolano a los mercados, especialmente a las refinerías del Golfo de México. En cambio, un escenario de violencia interna podría disparar los precios y agravar la crisis regional, con Colombia reforzando fronteras ante una posible nueva ola migratoria.
El futuro inmediato de Venezuela se juega en horas decisivas. Lo que ocurra en el primer día sin Maduro podría definir no solo el destino del país, sino también el equilibrio político y energético de toda América Latina.



//



