En un movimiento considerado clave para el rumbo del conflicto europeo, Donald Trump y Volodímir Zelensky se reunirán este domingo en Mar-a-Lago (Florida) con el objetivo de definir cómo y bajo qué condiciones podría iniciarse un proceso de paz que frene la guerra con Rusia, casi cuatro años después de su inicio. La cumbre se presenta como el intento más sólido hasta ahora para lograr un cese de hostilidades antes del cierre de 2025, según planteó el líder ucraniano, quien sostuvo que “se pueden decidir muchas cosas antes de Año Nuevo”.
Detrás del encuentro hay semanas de intercambios entre el entorno de ambos presidentes, donde han sido decisivas las conversaciones del enviado especial Steven Whitkoff y el asesor Jared Kushner con la delegación ucraniana, quienes elaboraron la base de un nuevo borrador diplomático que se pondrá a prueba durante la reunión.

El documento, todavía confidencial, propone congelar la línea de combate en su posición actual, un punto que permitiría detener la ofensiva en territorio ucraniano mientras se define el contenido político del acuerdo. Sin embargo, el plan no detalla qué ocurrirá con las zonas ocupadas por Rusia, generando dudas incluso dentro del gabinete de Kiev. Aun así, desde Ucrania aseguran que ya existe un consenso preliminar con Washington sobre los ejes centrales para enfriar el conflicto.
Este borrador se diferencia de versiones previas porque ya no exige la retirada completa de las tropas rusas del Donbás ni la promesa formal de que Ucrania no ingresará a la OTAN, condiciones históricamente innegociables para Moscú. La modificación de estos puntos alimenta las expectativas de que el Kremlin podría aceptar sentarse a la mesa, aunque representaría un giro sensible en la situación territorial ucraniana.

Mientras tanto, los aliados europeos observan el proceso con preocupación. Temen que un entendimiento bilateral entre Estados Unidos y Rusia desemboque en una paz apresurada que obligue a Kiev a ceder soberanía. La cautela domina en la OTAN, donde consideran que cualquier avance que excluya a Europa podría alterar el equilibrio estratégico de la región.



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