La reciente escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán vuelve a poner en el centro de la escena global la política exterior impulsada por el presidente Donald Trump, una estrategia que para algunos analistas resulta contradictoria pero que mantiene una lógica propia. En diálogo con La Última Rosca, programa que se emite por Radio Up, el analista internacional Joaquín González analizó el escenario geopolítico, las consecuencias económicas y el posicionamiento de distintos países ante un conflicto que podría extenderse.
Según explicó González, la política de Trump hacia Medio Oriente parece contradictoria en algunos aspectos, aunque mantiene cierta coherencia estratégica.
“Trump es de alguna manera contradictorio, pero es coherente en su locura. Si uno observa los últimos eventos o intervenciones estadounidenses en distintos países, por ejemplo lo que ocurrió con Venezuela, se ve que con sus peculiaridades se repite un mismo modus operandi”, señaló.
Uno de los argumentos centrales utilizados por Washington ha sido la necesidad de frenar el supuesto programa nuclear iraní, un tema que lleva décadas en la agenda internacional.
De acuerdo con González, el conflicto con el régimen iraní no es nuevo y tiene raíces históricas profundas.

Trump y la postura de González
“El régimen teocrático de los ayatolás en Irán nace también como una respuesta virulenta hacia Estados Unidos y hacia Israel. El objetivo declarado de Washington es frenar ese programa nuclear que, si bien existe, no necesariamente representa la amenaza inmediata que muchas veces se plantea”, explicó.
El analista también recordó que hubo declaraciones contradictorias por parte de funcionarios estadounidenses respecto a las razones del ataque preventivo.
“En su momento, el entonces senador Marco Rubio dijo que Estados Unidos tenía información de Israel sobre un ataque iraní inminente, y que por eso se actuó de forma preventiva. Sin embargo, las explicaciones fueron cambiando con el tiempo”, afirmó.
Las repercusiones del conflicto se sienten principalmente en Medio Oriente, donde varios países aliados de Estados Unidos comenzaron a enfrentar consecuencias directas.
Según González, los ataques y contraataques ya impactaron en territorios cercanos y en bases militares estratégicas.
Entre los episodios más recientes se mencionan ataques con misiles hacia bases británicas en Chipre, intentos de impacto en Turquía y otros incidentes que obligaron a activar sistemas de defensa en distintos puntos de la región.
El objetivo de Trump
“Fue una acción que muchos de los aliados estratégicos de Estados Unidos no querían. Y hoy las consecuencias las están pagando principalmente los países del Golfo y los estados cercanos al conflicto”, explicó el especialista.
Uno de los efectos más visibles del conflicto es el aumento del precio del petróleo, impulsado en gran medida por las tensiones en el Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del comercio energético mundial.
El cierre parcial del paso marítimo redujo el tráfico de buques petroleros y generó un fuerte impacto en el mercado internacional.
“Hoy el precio del crudo se acerca a los 100 dólares, lo que provoca un aumento global en los combustibles. Argentina tampoco es ajena a ese fenómeno”, explicó González.
El analista también mencionó las consecuencias humanitarias que empiezan a aparecer en el transporte marítimo.
“Hay varios barcos varados con tripulaciones de distintas nacionalidades. En algunos casos incluso comienzan a escasear los alimentos. Es una cadena de efectos que trasciende lo militar y alcanza lo económico y lo humanitario”, agregó.
Para el especialista, el resultado del conflicto no fue el esperado por Washington.
“Da la sensación de que el tiro salió por la culata. Nadie estaba pidiendo una acción militar en Irán y las consecuencias negativas para Estados Unidos eran visibles desde el principio”, afirmó.
González remarcó además que Irán no es comparable con otros escenarios de intervención militar como Irak o Afganistán.
“Irán es un país con un régimen muy consolidado, con control de sus instituciones y una población de alrededor de 90 millones de personas. Es el doble de grande que Irak y Afganistán juntos. Pensar que el gobierno iba a caer de la noche a la mañana era un cálculo bastante optimista”, sostuvo.
El aumento del precio del petróleo también genera efectos geopolíticos inesperados.
De acuerdo con el analista, Rusia podría beneficiarse económicamente del nuevo escenario energético.
“Incluso Estados Unidos tuvo que levantar sanciones a barcos petroleros rusos para abastecer su mercado. Para Rusia esto termina siendo una oportunidad, porque el petróleo es una de sus principales fuentes de financiamiento”, explicó.
Según González, ese ingreso extra puede incluso impactar en otros conflictos internacionales en los que Moscú participa.
El escenario internacional también reavivó un viejo interrogante: si el mundo podría encaminarse hacia un conflicto de escala global.
Sin embargo, González relativizó esa posibilidad, al menos en el corto plazo.
“Las guerras que llamamos mundiales en realidad nunca fueron completamente mundiales. La Primera y la Segunda Guerra Mundial fueron principalmente conflictos europeos con ramificaciones globales”, explicó.
El analista considera que el futuro del conflicto dependerá en gran medida de las grandes potencias.
“Irán está utilizando su arsenal en una escala menor que la de Israel o Estados Unidos, esperando que en algún momento las potencias empujen una negociación que permita frenar la escalada”, sostuvo.
La posición de los países europeos tampoco ha sido uniforme.
Según González, algunos gobiernos intentaron inicialmente mantener distancia del conflicto, pero luego moderaron sus posturas.
“El primer ministro británico, Keir Starmer, dijo inicialmente que no iba a enviar tropas ni involucrarse directamente, pero después terminó ofreciendo bases para acciones defensivas de Estados Unidos”, señaló.
Para el especialista, estos cambios reflejan la dificultad de mantener una posición neutral en un escenario de alta presión diplomática.
En este contexto, la postura de Javier Milei también generó debate en América Latina.
Según González, el apoyo explícito del gobierno argentino a las acciones de Estados Unidos e Israel marca un cambio significativo respecto a la tradición diplomática del país.
“Es un cambio histórico en la política exterior argentina. Tradicionalmente el país llamaba a resolver los conflictos por vías diplomáticas y evitaba alinearse tan fuertemente con un bloque”, explicó.
El analista recordó además antecedentes que generan preocupación en el debate público argentino.
“En los años 90, durante el gobierno de Carlos Menem, Argentina se alineó con Estados Unidos en la Guerra del Golfo enviando dos buques. Poco después el país sufrió dos atentados terroristas. Es un antecedente que siempre vuelve a aparecer en estas discusiones”, concluyó.
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