El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, inició este miércoles su visita oficial a China para mantener una cumbre de alto impacto internacional con su par chino, Xi Jinping, en medio de un escenario global atravesado por tensiones comerciales, conflictos geopolíticos y desaceleración económica.
El encuentro entre los líderes de las dos economías más grandes del mundo se desarrolla en Pekín y contempla una agenda amplia que incluye el conflicto con Irán, la situación de Taiwán, el comercio bilateral, la inteligencia artificial, los semiconductores y el acceso recíproco a los mercados.

Trump arribó acompañado por una importante delegación empresarial estadounidense, en una señal del fuerte interés de Washington por ampliar la apertura económica china a inversiones y compañías norteamericanas.
Antes de iniciar el viaje, el mandatario estadounidense minimizó el peso de la crisis con Irán dentro de las conversaciones con Xi. “Tenemos muchas cosas que discutir, pero no diría que Irán sea una de ellas, para ser sincero, porque tenemos a Irán muy bajo control”, declaró ante periodistas.
La llegada del presidente estadounidense provocó un fuerte despliegue de seguridad en la capital china. Medios occidentales compararon el operativo con el aplicado durante los Juegos Olímpicos de 2008, con cierres parciales de avenidas, presencia reforzada de fuerzas de seguridad y restricciones temporales en distintos puntos históricos de la ciudad. Entre ellos estuvo el emblemático Templo del Cielo, reservado especialmente para actividades relacionadas con la visita oficial.

Uno de los puntos más sensibles de la cumbre será la situación de Taiwán. El gobierno chino sostiene desde hace décadas el principio de “Una sola China” y mantiene una postura firme frente al respaldo militar y político de Washington hacia la isla.
En ese marco, Trump prevé dialogar con Xi sobre un paquete de armas para Taiwán valuado en unos 11.000 millones de dólares, autorizado por Estados Unidos en diciembre y considerado el mayor de la historia para la isla. La operación todavía no comenzó a ejecutarse y podría convertirse en un elemento de negociación entre ambas potencias.
La reunión también se produce en un contexto económico complejo para ambos países. En Estados Unidos, la guerra con Irán y la suba del precio del petróleo reactivaron críticas internas por el impacto inflacionario del combustible. Del lado chino, la economía continúa afectada por una desaceleración sostenida desde la pandemia y por las sanciones estadounidenses aplicadas sobre empresas estratégicas.
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Más allá de las diferencias y la creciente competencia geopolítica, tanto Washington como Pekín mantienen una fuerte interdependencia económica. Estados Unidos continúa dependiendo de productos industriales chinos, tierras raras y sectores clave de las cadenas globales de suministro, mientras que China necesita acceso al mercado estadounidense, inversiones y estabilidad financiera internacional.
La visita de Trump representa además su regreso a China desde noviembre de 2017, cuando Xi Jinping lo recibió con honores en la histórica Ciudad Prohibida, en una etapa donde ambos gobiernos buscaban mostrar señales de acercamiento. Sin embargo, años después, la relación bilateral atraviesa uno de sus períodos de mayor desconfianza y competencia estratégica.
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