El tétanos, enfermedad neurológica potencialmente mortal provocada por la bacteria Clostridium tetani, se desarrolla cuando el microorganismo ingresa al organismo a través de cortes o lesiones, incluso pequeñas, y libera una toxina que afecta el sistema nervioso. La afección no se transmite entre personas y su prevención depende casi exclusivamente de la vacunación, según información médica. El esquema sanitario vigente en Argentina contempla dosis en la infancia, refuerzos en edad escolar y adolescencia, y una aplicación cada diez años en adultos, además de inmunización específica en embarazadas.
El desarrollo de la enfermedad puede iniciar con rigidez en la mandíbula y evolucionar hacia espasmos musculares intensos que comprometen cuello, abdomen y extremidades, con riesgo de afectar la respiración. Entre los síntomas también pueden aparecer fiebre, sudoración, alteraciones en la presión arterial y episodios de espasmos generalizados desencadenados por estímulos leves como ruidos o luz. Frente a heridas punzantes, quemaduras o lesiones contaminadas con tierra, los especialistas recomiendan consulta médica inmediata, sin esperar la aparición de signos clínicos, debido a que el período de incubación puede variar entre 3 y 21 días.

En estos casos, el personal de salud evalúa el estado de vacunación del paciente para definir la aplicación de refuerzos o gammaglobulina, intervención clave para evitar la progresión de cuadros graves. Desde el área médica se remarca que mantener el calendario de inmunización actualizado es una medida preventiva esencial, ya que incluso haber tenido la enfermedad no genera inmunidad. En esa línea, se insiste en revisar periódicamente los esquemas familiares y acudir a los centros de salud si han pasado más de diez años desde la última dosis.



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