El SIBO (sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado, por sus siglas en inglés) se volvió una de las palabras más repetidas en consultorios, redes sociales y conversaciones cotidianas. Sin embargo, la médica especialista en gastroenterología Marcela González advirtió en Radio Up que la mayor “aparición” de casos no necesariamente significa que sea una enfermedad nueva, sino que hoy es más fácil confirmarla. A la par, alertó sobre un fenómeno cada vez más frecuente: personas que cambian su alimentación por recomendaciones virales, sin diagnóstico certero ni seguimiento profesional, con el riesgo de empeorar síntomas, debilitar el sistema inmune o cronificar el problema.
“Es un tema tan en boga y sobre el cual se están hablando tantas cosas, muchas que no tienen nada que ver”, planteó González, y remarcó que en el debate público muchas veces se mezclan cuadros distintos —celiaquía, intolerancias alimentarias y SIBO— porque pueden compartir síntomas.

Qué es el SIBO y qué ocurre en el intestino
González explicó que SIBO significa sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado. En términos simples, “hay un aumento en la cantidad y en el tipo de bacterias” en un lugar donde ese equilibrio debería ser diferente.
Esa alteración provoca un efecto concreto: las bacterias fermentan alimentos, sobre todo cuando se consumen carbohidratos (harinas, azúcares y otros), y generan gases, principalmente hidrógeno y metano. Además, advirtió que el exceso bacteriano puede dañar la mucosa intestinal, interfiriendo con la digestión y la absorción de nutrientes.
“Nosotros no lo podemos ver, pero sí podemos ver los efectos que produce”, explicó, y sintetizó el impacto con una frase directa: “No deja que el intestino haga lo que tiene que hacer”.

Por qué “hay más SIBO”: el diagnóstico ahora es sencillo
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue aclarar por qué hoy se habla tanto del tema. Para González, el aumento de diagnósticos se explica, sobre todo, por la disponibilidad de métodos accesibles de confirmación.
“Ahora es más fácil de detectar”, afirmó. Y detalló que, ante la sospecha clínica, se puede indicar un test de aire espirado: el paciente sopla una cánula “como la de alcoholemia” y, según los valores obtenidos, el médico puede confirmar el cuadro.
Antes, explicó, no había una forma tan práctica de comprobarlo. Por eso, dijo, hoy “cualquier médico” puede solicitarlo. Pero ahí aparece el segundo problema: la facilidad del test no garantiza que el tratamiento sea el correcto.
“Es fácil diagnosticarlo, pero no todos saben tratarlo”
La especialista señaló que el SIBO puede tratarse con esquemas cortos —mencionó tratamientos de alrededor de 10 días— y que eso puede “curar el SIBO de ese momento”. El riesgo, remarcó, es que si no se aborda la causa, vuelve.
“El SIBO es un resultado de una alteración previa. Si no cambio lo previo, el SIBO vuelve a aparecer”, insistió.
Para explicarlo, lo comparó con un cuadro recurrente: se puede resolver el episodio agudo, pero si la condición que lo origina sigue presente, la recurrencia es probable.

Factores que predisponen: motilidad intestinal y enfermedades de base
González enumeró condiciones que pueden favorecer el SIBO. El factor más frecuente, dijo, es una alteración en el movimiento normal del intestino (motilidad). El intestino, explicó, debería empujar el alimento hacia el colon mediante un mecanismo coordinado llamado complejo motor migratorio. Si ese “ritmo” se altera, aparecen condiciones para el sobrecrecimiento.
Mencionó como ejemplos:
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Síndrome de intestino irritable
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Neuropatía diabética (complicación de la diabetes)
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Hipotiroidismo
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Esclerodermia y otras enfermedades reumatológicas
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Otras situaciones que afecten la motilidad intestinal
También citó un segundo eje: la debilidad del sistema inmune, que puede darse por múltiples causas, desde enfermedades hasta cuadros de depresión mayor o mala alimentación.
El riesgo de las dietas “de redes” y la moda de restringir sin control
En un tramo clave de la entrevista, González vinculó el auge del SIBO con un fenómeno contemporáneo: dietas restrictivas sostenidas sin control médico ni nutricional.
Advirtió que algunas prácticas —como dietas cetogénicas prolongadas en el tiempo, mal planificadas— pueden llevar a déficits, deterioro del estado nutricional y un sistema inmune debilitado, lo que podría facilitar la aparición o persistencia del problema.
El punto, subrayó, es que mucha gente cambia su alimentación por su cuenta, basándose en diagnósticos “de oído” o confundiendo cuadros: “Por eso siempre es importante ir a un especialista y que realmente entienda del tema para poder tener un diagnóstico certero”, sostuvo.

Síntomas: hinchazón, gases y “displacer digestivo”
La médica describió que no siempre hay pérdida de peso. El síntoma principal, según explicó, es el disconfort digestivo asociado a la comida, lo que en medicina se denomina dispepsia: “comés y sabés que no te vas a sentir bien”.
Detalló síntomas frecuentes:
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Hinchazón marcada (con relatos de personas a quienes “les ofrecen el asiento” por parecer embarazadas)
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Gases y distensión abdominal
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Eructos, sensación de “burbujeo” intestinal
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Urgencia evacuatoria o sensación de no llegar al baño
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Necesidad de evitar comidas o salidas por miedo al malestar
Para González, normalizar estos síntomas es parte del problema: “Eso hay que estudiarlo y diagnosticarlo, no es normal”, remarcó.
Consecuencias: no es cáncer, pero deteriora la vida cotidiana
González fue clara: “El SIBO no te va a traer cáncer”. Pero advirtió que puede generar un fuerte deterioro de la calidad de vida, con consecuencias sociales y emocionales.
Describió escenas habituales: gente que evita reuniones, fiestas o viajes por temor a no tener un baño cerca o por sentirse mal después de comer. Ese aislamiento, dijo, puede derivar en cuadros de angustia y estados depresivos.
“Es un cambio del estilo de vida de la familia”, agregó, y enfatizó que el entorno influye: si la dinámica familiar empuja a hábitos alimentarios que empeoran síntomas, sostener cambios se vuelve difícil.
El mensaje final: diagnóstico sí, pero con compromiso y tratamiento integral
En su cierre, la especialista dejó una definición contundente para ordenar la conversación pública: el SIBO es fácil de diagnosticar, pero su manejo no se resuelve con recetas mágicas ni con dietas copiadas de internet.
“El SIBO es una enfermedad fácil de diagnosticar, pero no es fácil de tratar si uno no se compromete con lo que desencadenó el SIBO”, afirmó. Y lo resumió con una frase que funcionó como síntesis editorial de su enfoque clínico: “Solo en Harry Potter hay varitas mágicas; en medicina tenemos trabajo y compromiso del médico con el paciente y del paciente”.



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