Restringir el consumo de azúcar durante la primera infancia podría tener un impacto positivo a largo plazo en la salud cardíaca, de acuerdo con un estudio liderado por investigadores de Australia, el Reino Unido y Hong Kong.
El análisis aprovechó el fin del racionamiento de azúcar en Gran Bretaña en 1953 como un experimento natural. Los expertos compararon los datos de salud de más de 63.000 personas del Biobanco del Reino Unido, nacidas antes o después del levantamiento de las restricciones alimentarias.

Los resultados fueron reveladores: las personas que vivieron bajo el racionamiento de azúcar desde la gestación hasta los dos años de edad desarrollaron enfermedades cardíacas hasta 2 años y medio más tarde que aquellas que no tuvieron esa limitación. Además, presentaron un 20% menos de riesgo de enfermedad cardiovascular y un 25% menos de riesgo de infarto, junto a menores probabilidades de sufrir insuficiencia cardíaca, fibrilación auricular, accidente cerebrovascular o muerte cardiovascular.
Según los científicos de la Universidad Monash (Australia) y la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong, los primeros 1.000 días de vida son un período crítico en el que la alimentación puede influir de forma permanente en la salud del corazón.
Durante el racionamiento, el consumo de azúcar se limitaba a menos de 40 gramos diarios por persona, y estaba prohibido el azúcar añadido para los menores de dos años, una medida que —según los autores— coincide con las recomendaciones dietéticas actuales de la Organización Mundial de la Salud.

El estudio concluye que reducir el azúcar en edades tempranas podría ser una herramienta poderosa de prevención cardiovascular, aunque los expertos señalaron que aún se necesitan investigaciones que analicen factores genéticos, ambientales y de estilo de vida para diseñar estrategias más personalizadas.



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