La realidad del mercado laboral argentino atraviesa una transformación silenciosa pero profunda. Detrás de cifras que, a primera vista, podrían parecer estables, se esconde un fenómeno que crece con fuerza y redefine el vínculo entre trabajo e ingresos: el pluriempleo. Según un informe reciente de la Fundación Encuentro, elaborado en base a la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, más de 1,6 millones de argentinos necesitan hoy más de un empleo para llegar a fin de mes, lo que representa el 12,2% de la población ocupada.
Aunque el dato se mantiene levemente por debajo del pico registrado en 2024 (12,4%), la lectura de fondo es mucho más inquietante: en 2016, ese mismo indicador era del 8,8%. En menos de diez años, el crecimiento del pluriempleo fue del 50%, consolidándose no como una excepción sino como un rasgo estructural del mercado laboral.
La erosión del salario y el fin del empleo único como garantía
El crecimiento del pluriempleo no puede entenderse sin considerar el contexto macroeconómico. La inflación persistente, la pérdida del poder adquisitivo y la fragmentación del empleo han debilitado la capacidad de un solo ingreso para cubrir necesidades básicas.
En ese escenario, el trabajo deja de ser una fuente suficiente de sustento en sí misma. La idea histórica del empleo estable como garantía de bienestar se diluye frente a una realidad donde la suma de trabajos reemplaza la estabilidad perdida.
El informe difundido por El Cronista subraya que esta tendencia no responde únicamente a decisiones individuales, sino a una reconfiguración del sistema productivo y laboral, donde proliferan ocupaciones de baja remuneración, jornadas parciales y alta informalidad.

Edad productiva: el núcleo más afectado
Uno de los aspectos más reveladores del estudio es la composición etaria del fenómeno. Lejos de concentrarse en jóvenes que recién ingresan al mercado laboral, el pluriempleo golpea con mayor fuerza a quienes se encuentran en el centro de la vida económica: el 85% de los trabajadores con más de un empleo tiene entre 30 y 65 años.
Se trata de personas que, en muchos casos, atraviesan la etapa de mayores responsabilidades familiares, con hijos a cargo, alquileres o créditos que afrontar. En este contexto, la multiplicación de empleos aparece como una estrategia de supervivencia sostenida en el tiempo, más que como una transición pasajera.
Desigualdad de género: la sobrecarga invisible
El informe también pone en evidencia una brecha de género significativa. El 56,6% de los pluriempleados son mujeres, y la tasa de pluriempleo femenino alcanza el 15,5%, frente al 9,5% en varones.
Esta diferencia no es casual. Está profundamente ligada a la estructura desigual del mercado laboral, donde muchas mujeres se insertan en sectores caracterizados por la precariedad, los bajos salarios y la parcialidad horaria. El servicio doméstico, por ejemplo, representa el 13% del total del pluriempleo, evidenciando cómo ciertos sectores concentran esta dinámica.
A esta situación se suma la doble carga de trabajo —remunerado y no remunerado—, lo que intensifica aún más las condiciones de desgaste físico y emocional.
Jefes de hogar: cuando el pluriempleo deja de ser opción
Otro dato clave refuerza el carácter estructural del fenómeno: más de 6 de cada 10 pluriempleados son jefes o jefas de hogar. Esto implica que la multiplicación de empleos no responde a una búsqueda de ingresos extra, sino a una necesidad central para sostener la economía familiar.
En estos casos, el pluriempleo se convierte en una condición casi obligada, donde el tiempo de descanso, la vida personal y la salud quedan relegados frente a la urgencia económica.
Una lógica dual: subsistencia e intensificación
El análisis de la Fundación Encuentro describe una dinámica compleja, con dos caras bien definidas. Por un lado, el pluriempleo funciona como una estrategia de subsistencia en los sectores más vulnerables: el 23% de quienes tienen más de un trabajo se ubica en los deciles más bajos de ingresos.
Pero, al mismo tiempo, el fenómeno también aparece en los sectores de mayores recursos. El 19,4% pertenece al decil más alto, donde la acumulación de empleos responde a una lógica de intensificación laboral: trabajar más para sostener niveles de consumo, ahorro o inversión frente a un contexto económico incierto.
Esta dualidad revela que el pluriempleo no distingue únicamente por nivel socioeconómico, sino que se adapta a distintas necesidades dentro de una misma crisis.

Impactos sociales: tiempo, salud y calidad de vida
Más allá de los números, el avance del pluriempleo tiene consecuencias profundas en la vida cotidiana. Jornadas extendidas, menor tiempo de descanso, dificultades para la capacitación y el desarrollo profesional, así como un impacto directo en la salud física y mental, forman parte del costo invisible de esta dinámica.
La calidad del empleo se vuelve tan relevante como su cantidad. En muchos casos, los trabajadores encadenan ocupaciones informales o de baja productividad, lo que limita sus posibilidades de crecimiento y perpetúa un círculo de ingresos insuficientes.
Un síntoma de época
El crecimiento del pluriempleo en Argentina no es un fenómeno aislado ni coyuntural. Es, en esencia, un síntoma de época, que refleja las tensiones de un mercado laboral atravesado por la inestabilidad, la desigualdad y la pérdida de poder adquisitivo.
Los 1,6 millones de argentinos con más de un empleo no solo representan una cifra significativa, sino una señal clara de que el trabajo, tal como se conocía, está cambiando. En este nuevo escenario, trabajar más ya no garantiza vivir mejor, y la multiplicación de esfuerzos se convierte, paradójicamente, en la única forma de sostener lo básico.
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