El interventor del Partido Justicialista en Misiones, Gustavo Arrieta, trazó un diagnóstico crítico sobre la situación del peronismo en la provincia y advirtió que existe un quiebre profundo entre la dirigencia y las bases partidarias. Lo hizo cuando este fin de semana se votará a la nueva conducción partidaria.
En declaraciones al programa “Realidad Mixta” por Radio Up, el dirigente fue categórico al definir el proceso de intervención: “La intervención nunca es un mérito, es el fracaso de la política”.

Intervención y crisis estructural del PJ
Arrieta sostuvo que la situación del PJ en Misiones es “inusual” y que responde a un proceso acumulado durante más de 20 años, marcado por reiteradas intervenciones y la ausencia de normalización institucional.
En ese marco, explicó que la intervención actual busca revertir un esquema que, según afirmó, desnaturalizó el funcionamiento del partido y debilitó su representación política.
Sin internas y con conducciones deslegitimadas
Uno de los puntos centrales de su análisis fue la falta de elecciones internas durante años, lo que, según indicó, terminó erosionando la legitimidad de las autoridades partidarias. “No se generaron las condiciones para que las autoridades surjan del voto de los afiliados”, señaló, y agregó que esta situación transformó al PJ en una “franquicia política”.
Para Arrieta, la ausencia de participación real de la militancia derivó en un distanciamiento progresivo entre la conducción y el territorio.

Vaciamiento y pérdida de estructura
El interventor describió un escenario de “licuación” del peronismo en Misiones, con una fuerte pérdida de presencia institucional. Detalló que actualmente el partido carece de:
- Intendentes
- Concejales
- Consejos municipales
“Hay identidad peronista en la sociedad, pero no hay representación”, planteó, evidenciando la desconexión entre base social y estructura política.
Ruptura entre dirigencia y afiliados
Arrieta fue más allá y cuestionó a sectores de la dirigencia que, según dijo, no sostuvieron los compromisos asumidos. “Hay dirigentes que asumen con un discurso y después representan otras políticas”, advirtió.
En ese sentido, criticó la lógica de dependencia de decisiones externas:
- Señaló la búsqueda de “bendiciones” desde la conducción nacional
- Marcó un quiebre entre representación formal y voluntad de las bases
La hoja de ruta para la normalización
El interventor confirmó que la intervención avanzó con un cronograma claro orientado a recuperar la institucionalidad del partido. En ese proceso, se realizó una campaña de afiliación que reunió más de 5.200 fichas, de las cuales alrededor de 4.500 fueron validadas por la Justicia Electoral.
Además, anunció la realización de elecciones internas con voto directo en los 79 municipios de Misiones, con el objetivo de elegir autoridades legitimadas por los afiliados.
Un proceso que culmina en mayo
Arrieta explicó que la intervención tiene plazo hasta mayo, momento en el que se proclamarán las nuevas autoridades y se concretará el traspaso institucional.
Sin embargo, aclaró que el proceso electoral no resuelve por sí solo la crisis del partido. “No es un punto de llegada, es un punto de partida”, afirmó, planteando la necesidad de reconstruir agenda, representación y proyecto político.
El desafío de una nueva generación
Finalmente, destacó el rol de una nueva dirigencia que deberá asumir la conducción del partido en esta nueva etapa. Se trata, según indicó, de una generación de entre 35 y 55 años que tendrá la responsabilidad de construir una “nueva centralidad política” del PJ en la provincia.
El proceso de normalización del peronismo misionero se encamina así hacia una etapa clave, donde el desafío no será solo recuperar la institucionalidad, sino reconstruir el vínculo con una base social que, según el propio interventor, nunca dejó de existir.



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