En un contexto global atravesado por guerras, tensiones geopolíticas y crisis humanitarias, el Papa León XIV publicó una contundente reflexión sobre el significado profundo de la paz. El texto forma parte de la introducción inédita del libro “Peace Be with You!”, editado por HarperCollins y disponible desde el 24 de febrero en librerías de Estados Unidos y otros países angloparlantes. La obra es la versión en inglés del volumen “¡Y paz sea!”, publicado en agosto de 2025 por la Librería Editora Vaticana.
“La paz es uno de los grandes temas de nuestro tiempo y es tanto un don como un compromiso”, afirma el Pontífice al inicio del texto. En su mensaje, León XIV sostiene que la paz no solo debe entenderse como un regalo divino “un don de lo Alto” sino también como una tarea concreta que involucra a cada persona.

Un mundo herido y el desafío del corazón
El Papa advierte que la humanidad atraviesa un momento crítico: “Vivimos en un mundo herido por demasiados conflictos y afectado por hostilidades crueles”. En ese marco, cuestiona el avance de nacionalismos extremos y actitudes que priorizan intereses particulares por sobre el bien común.
Uno de los ejes centrales de su reflexión es la dimensión interior de la paz. “Antes de ser destrozada en el campo de batalla, la paz es derrotada en el corazón humano”, escribe. Para el Pontífice, la guerra comienza cuando se pierde la capacidad de reconocer la dignidad del otro. “Despersonalizar a los demás es el primer paso hacia cualquier guerra”, advierte.
Apoyándose en las enseñanzas de San Agustín, León XIV recuerda que nadie puede ser verdaderamente conocido sin amistad y que el amor es condición previa para el encuentro. La paz, entonces, no se construye solo desde tratados o acuerdos políticos, sino desde vínculos humanos auténticos.
Paz vertical y paz horizontal
El texto desarrolla una doble dimensión de la paz: vertical y horizontal. La primera refiere al don de Dios manifestado en el nacimiento de Jesús en Belén y confirmado en la Resurrección. La segunda, a la responsabilidad cotidiana de cada persona.
El Papa describe la paz del Resucitado como una paz “herida”, marcada por las llagas de la crucifixión, que nace de un corazón capaz de amar incluso en el sufrimiento. Esa paz, afirma, interpela la “buena voluntad” humana y exige una respuesta concreta.
En el plano cotidiano, León XIV ofrece ejemplos simples pero contundentes: enseñar a los niños a respetar y no intimidar, vencer el orgullo personal, abrir espacio al otro en la familia y el trabajo, cultivar el silencio y la meditación. “Dios nunca bendice la violencia”, subraya.
La “globalización de la impotencia” y el rol de la oración
Frente a los múltiples conflictos armados en curso, el Pontífice reconoce que muchos pueden sentirse impotentes. A ese fenómeno lo denomina “globalización de la impotencia”. Sin embargo, propone una respuesta espiritual y comunitaria: la oración.
“La oración es una fuerza desarmada que solo busca el bien común”, sostiene. Orar, explica, implica desarmar el ego y abrirse a la gratuidad y la sinceridad. En esa línea, insiste en que el corazón es el verdadero campo de batalla, donde debe librarse una “victoria incruenta” contra el egoísmo y la dominación.
El Papa también llama a promover una cultura de reconciliación mediante “laboratorios no violentos”, espacios donde la desconfianza pueda transformarse en oportunidad de encuentro.
Política, diplomacia y paz duradera
Más allá de la dimensión espiritual, León XIV enfatiza la responsabilidad de la política y de la comunidad internacional en la mediación de conflictos. Destaca la importancia del diálogo y la diplomacia como herramientas esenciales para alcanzar una paz justa y duradera.
El texto concluye con una invocación inspirada nuevamente en San Agustín: “Señor Dios, […] danos la paz, la paz del descanso, la paz sin ocaso”. Con esa oración, el Pontífice pide especialmente por las personas más olvidadas y golpeadas por la violencia.
Con este mensaje, el Papa León XIV vuelve a situar la paz en el centro del debate global, no solo como aspiración política, sino como una transformación profunda del corazón humano.



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