La comunidad artística y cultural de Misiones atraviesa horas de profundo dolor tras la muerte de Eduardo “Moni” Encina, uno de los máximos exponentes de la música chamamecera de la provincia. El músico falleció a los 70 años luego de permanecer varios días internado en el Hospital Escuela de Agudos “Dr. Ramón Madariaga” de Posadas.
Familiares, amigos, colegas y admiradores participaron de su velatorio para brindarle el último adiós a quien durante décadas se convirtió en una figura emblemática de la cultura popular misionera. Su partida generó una fuerte conmoción entre quienes lo acompañaron a lo largo de su trayectoria artística.
En diálogo con Radio Up, su hermano Julio “Nito” Encina expresó el dolor que atraviesa la familia, aunque también remarcó el orgullo por el camino recorrido por el artista.
“Hoy tenemos que llorar al ídolo que se va, pero realmente nosotros como familia nos sentimos orgullosos de que mi hermano, a pesar de su discapacidad desde muy chiquito, logró conquistar al público con su talento y con sus ocurrencias”, señaló.
Nito recordó que Moni enfrentó dificultades neurológicas durante gran parte de su vida, aunque eso nunca fue un impedimento para desarrollar una carrera artística que lo llevó a ganarse el cariño de miles de personas.
“Era como un loco lindo. Tenía problemas neurológicos que disimulaba muy bien. Dios, cuando por ahí te saca una condición, te da otra. Él tenía mucho oído para la música, era un verdadero maestro”, sostuvo.
El hermano del músico destacó además la capacidad que tuvo Moni para trascender cualquier limitación y convertirse en una figura admirada por distintas generaciones.
“A pesar de no tener estudios y de no haber tenido todas las aptitudes completas como cualquier otro ser humano, pudo conquistar al público y ser admirado por chicos, grandes y adultos mayores. Era realmente un ídolo popular”, afirmó.
Según relató Nito Encina, el artista construyó una relación única con los sectores más humildes de la sociedad, algo que marcó profundamente su carrera y su identidad artística.
“Él le cantaba al pueblo pobre, al pueblo sufrido, al pueblo humilde. Era el músico de los humildes, un verdadero abanderado de los humildes. Esa condición no la tiene cualquiera, el carisma que tenía tampoco”, expresó.
A lo largo de su trayectoria, Moni Encina no solo dejó una huella sobre los escenarios, sino también en la formación de nuevos talentos. Su hermano recordó especialmente el compromiso que tenía con la enseñanza de la música y la transmisión de conocimientos.
“Logró sacar cinco o seis alumnos que hoy tocan una maravilla y están en las mejores bandas. Lo hacía sin grandes recursos, debajo de la sombra de un mango les daba clases de acordeón a los chicos y de ahí surgieron grandes músicos”, relató.
Para la familia, ese legado educativo representa uno de los mayores orgullos que deja el reconocido chamamecero. Más allá de los aplausos y el reconocimiento popular, consideran que haber impulsado nuevas generaciones de artistas es una de sus obras más importantes.
Durante la entrevista, Nito también agradeció el acompañamiento recibido por parte de amigos, colegas y referentes de la cultura misionera, quienes siguieron de cerca el estado de salud del músico durante los últimos días.
“Hoy se va un ídolo misionero. Se fue el ídolo popular, pero nace un duende, nace una leyenda que va a ser eterna porque el pueblo lo va a seguir amando más todavía”, manifestó emocionado.
Respecto de las causas del fallecimiento, explicó que los médicos determinaron que el cuadro se agravó a raíz de una cirrosis generalizada, que terminó afectando órganos vitales.
“El problema era el hígado. La sangre contaminada se desparramó por órganos fundamentales y eso provocó una crisis generalizada que derivó en su fallecimiento”, indicó.
Además, aclaró que el artista no atravesaba una enfermedad terminal diagnosticada previamente ni presentaba síntomas severos vinculados a otros órganos.
“Lamentablemente fue la cirrosis la que desencadenó todo. Él por ahí consumía alcohol. Vivió como quiso y murió como quiso”, sostuvo.
La muerte de Moni Encina deja un vacío difícil de llenar dentro de la música popular de Misiones. Sin embargo, su legado artístico, su carisma y su compromiso con la cultura popular continúan vivos en cada canción, en cada acordeón y en cada escenario donde su obra sigue siendo recordada.
Para muchos misioneros, Moni Encina fue mucho más que un músico. Fue una expresión auténtica de la identidad popular, un artista cercano a la gente y una figura que logró transformar su talento en un símbolo de pertenencia para toda una provincia.
Su partida marca el final de una etapa, pero también el comienzo de una leyenda que seguirá resonando en la memoria colectiva del pueblo misionero.
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