La morosidad de los hogares argentinos volvió a crecer en abril de 2026, alcanzando el 12% de los créditos bancarios, según datos elaborados por la consultora 1816 en base a información de la Central de Deudores del Banco Central. El incremento refleja el deterioro de la capacidad de pago de las familias en un contexto marcado por la pérdida de poder adquisitivo, el encarecimiento del financiamiento y una actividad económica que aún no logra consolidar una recuperación sostenida.
El informe señala que los créditos con atrasos superiores a 90 días pasaron del 11,5% al 12% entre marzo y abril en el segmento de hogares. En el caso de las empresas, la irregularidad avanzó del 3,1% al 3,3%, mientras que para el conjunto del sector privado escaló del 7% al 7,3%.
Los mayores niveles de incumplimiento continúan concentrándose en las tarjetas de crédito y los préstamos personales, dos herramientas ampliamente utilizadas por las familias para afrontar gastos corrientes. Aunque los créditos hipotecarios y prendarios mantienen índices más bajos de mora, también registran una tendencia ascendente durante los últimos meses.
Desde la consultora advirtieron que este escenario dificulta cualquier reducción significativa en las tasas de interés. De acuerdo con el relevamiento, la Tasa Nominal Anual (TNA) promedio de los préstamos personales bancarios se ubicó en 66,9% durante los primeros días de mayo, apenas por debajo del 68,8% observado en enero. En paralelo, la tasa de referencia REPO descendió desde 39,3% hasta 20,3%, una baja que todavía no se trasladó de manera proporcional al costo del crédito para los consumidores.
Otro dato que genera preocupación es que el 26,7% de las personas con algún tipo de financiamiento vigente —ya sea en bancos, billeteras virtuales o entidades financieras y no financieras— presenta algún grado de irregularidad en sus pagos. Para los analistas, esta situación reduce las posibilidades de que el crédito vuelva a convertirse en un motor de consumo y crecimiento económico en el corto plazo.
La situación es aún más delicada fuera del sistema bancario tradicional. Las entidades no financieras, donde tienen fuerte presencia las fintech, registraron una morosidad del 31,5% en abril, frente al 30,7% del mes anterior. Este segmento concentra alrededor del 17% de los préstamos al sector privado y reúne a algunos de los principales proveedores de financiamiento digital del país.
Mientras tanto, desde el Banco Central habían señalado semanas atrás que comenzaban a observarse mejoras en el comportamiento de pago de los deudores. Sin embargo, los datos relevados hasta abril todavía muestran una tendencia opuesta y mantienen encendida la preocupación por el creciente endeudamiento de hogares y empresas.



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