El primer neurocirujano infantil de la provincia reflexionó sobre su trayectoria, la relación médico-paciente y el valor de la perseverancia para alcanzar los sueños
Con más de tres décadas de ejercicio profesional, el neurocirujano pediátrico Mario Armando Barrera repasó su historia de vida, los desafíos de convertirse en el primer especialista en neurocirugía infantil de Misiones y la importancia de mantener una medicina humanizada en tiempos marcados por la tecnología y la inmediatez.
Durante una entrevista radial de la columna sobre temas de Discapacidad llevada a cabo en el programa «Arriba la Radio” transmitido por Radio Up, el profesional compartió experiencias personales y profesionales que marcaron su carrera,
estacando el impacto que puede tener un médico en la vida de sus pacientes y sus familias. Su testimonio también estuvo atravesado por una profunda reflexión sobre el esfuerzo, la vocación y las dificultades que debió superar para llegar a convertirse en uno de los referentes de la salud infantil en la provincia.
Más de 30 años dedicados a la medicina
Barrera recordó que está próximo a cumplir 31 años de ejercicio profesional, aunque señaló que su vínculo con la medicina comenzó mucho antes, entre años de formación universitaria, especialización y capacitación permanente.
«Más de la mitad de mi vida estuvo relacionada con la medicina», afirmó al destacar que el aprendizaje en esta profesión nunca termina.
Según explicó, uno de los aspectos que más valora de su carrera es haber comprendido con el tiempo que la medicina no solo consiste en curar enfermedades, sino también en influir positivamente en el destino de las personas.
El desafío de convertirse en el primer neurocirujano pediátrico de Misiones
Uno de los momentos más significativos de la entrevista fue cuando recordó su regreso a Posadas tras completar su especialización en neurocirugía infantil.
Ser el primer neurocirujano pediátrico de la provincia implicó una enorme responsabilidad. Hasta entonces, los niños que requerían este tipo de atención eran tratados por neurocirujanos de adultos o derivados a otros centros especializados.
«Todas las miradas estaban puestas sobre mí», recordó.
El médico confesó que sintió temor al asumir semejante responsabilidad, especialmente porque debía tomar decisiones complejas sin contar con otros especialistas pediátricos de la misma área en la provincia.
Sin embargo, destacó el acompañamiento de profesionales del Hospital de Pediatría y valoró la visión estratégica de quienes impulsaron su formación mediante una beca provincial que permitió desarrollar posteriormente el servicio dentro del sistema sanitario misionero.
La medicina y la importancia de la relación humana
Uno de los ejes centrales de la conversación fue la necesidad de recuperar la cercanía entre médicos y pacientes.Barrera consideró que los avances tecnológicos aportaron herramientas fundamentales para el diagnóstico y tratamiento, pero también generaron una cierta distancia en el vínculo humano. «La inmediatez no va de la mano con el ejercicio de la medicina», sostuvo.
En ese sentido, explicó que muchas veces los estudios complementarios no pueden reemplazar una correcta entrevista clínica ni la escucha atenta de los pacientes.
Para el especialista, la medicina sigue basándose en la observación, la empatía y la construcción de confianza.
«Uno tiene que volver a humanizar la medicina», afirmó.
La complejidad emocional de operar a un niño
Como neurocirujano pediátrico, Barrera señaló que cada intervención implica una enorme carga emocional, tanto para el profesional como para la familia.
Explicó que la preparación académica y la experiencia brindan seguridad al momento de actuar, pero reconoció que el acompañamiento a los padres forma parte fundamental del proceso.»Los pediatras atendemos al niño, a la mamá, al papá, a los abuelos y a toda la familia», expresó.
Según detalló, la pediatría tiene características particulares porque muchas veces los pacientes no pueden expresar con claridad lo que sienten, lo que obliga al médico a interpretar síntomas, escuchar a los familiares y generar un entorno de confianza.
Historias que marcan una carrera
A lo largo de la entrevista, el profesional recordó diversos casos que dejaron huella en su vida.
Entre ellos, mencionó la emoción que siente al reencontrarse con pacientes que operó durante la infancia y que hoy son adultos, profesionales, padres y madres de familia.
El médico relató que algunos de esos pacientes continúan manteniendo contacto con él décadas después de sus tratamientos.
«Es imposible que esas cosas pasen desapercibidas», sostuvo al referirse a los mensajes de agradecimiento que recibe y al impacto que tiene ver cómo evolucionaron quienes atravesaron situaciones críticas durante la niñez.
Una historia de esfuerzo y superación
Más allá de su prestigiosa trayectoria profesional, Barrera dedicó parte de la entrevista a recordar las dificultades económicas que enfrentó para estudiar medicina.
Contó que debió interrumpir temporalmente su carrera para cuidar a su madre durante una grave enfermedad y que vivió años con recursos muy limitados mientras completaba sus estudios universitarios.
Recordó que muchas veces tuvo que administrar cuidadosamente el dinero que le enviaba su padre, quien realizaba varios trabajos para sostener económicamente a la familia.
También destacó la solidaridad de amigos, compañeros y personas que lo ayudaron en momentos complejos.
«Mucha gente me ayudó y por eso nunca me olvido de dónde vengo», expresó.
Un mensaje para los jóvenes que sueñan con estudiar
En el tramo final de la entrevista, el neurocirujano dejó un mensaje destinado a quienes desean estudiar una carrera universitaria pero enfrentan dificultades económicas o personales.
Para Barrera, el éxito no depende únicamente de la inteligencia, sino también de la perseverancia y la disciplina.
«Sí se puede», afirmó.
Asimismo, remarcó que los obstáculos pueden retrasar los objetivos, pero no necesariamente impedirlos.
«La perseverancia fue más importante que mi inteligencia para llegar a ser médico», aseguró.
Su historia representa un ejemplo de esfuerzo, vocación y compromiso con la salud pública, valores que lo llevaron a convertirse en una figura clave de la neurocirugía pediátrica en Misiones y en un referente para nuevas generaciones de profesionales



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