Las diferencias son moneda corriente dentro de los partidos políticos en argentina. Pretender diferenciarse se ha transformado en una práctica muy usual de la actividad política.
En las últimas décadas, el pueblo argentino se acostumbró y naturalizó la atomización discursiva entre los propios dirigentes, referentes que se cobijan bajo la misma manta ideológica partidaria, aunque con una concepción de las prácticas políticas muy diversas, tal es así, que recientemente les ha costado horrores unir caminos y construir puentes entre los propios integrantes que dicen defender los mismos ideales y valores.
Asimismo, los argentinos se habituaron a observar que luego de la realización de sufragios, de elecciones de bloques en las legislaturas o de internas partidarias- que determinan el lugar que ocuparan los candidatos y conductores en los espacios políticos-, sean éstas por medio del voto en las urnas o, por la “dedocracia” que paradójicamente viene siendo la forma predilecta de aquellos que dicen batallar y hacer una férrea defensa por sostener y respetar la democracia en el país, pero que partidariamente eligen candidatos y conductores partidarios a dedo, sin un sistema de votación.
En fin, en su mayoría este tipo de artimañas han provocado rupturas, generando enojos y diásporas que continúan haciendo sangrar por la herida a una gran parte de la dirigencia peronista.
De esos chispazos, cortocircuitos son varios dirigentes los que resurgen como el ave fénix para disputar y rapiñar un lugarcito en las listas. Lentamente, el peronismo va calentando motores para las internas, tal parece que para ganar todo vale: agravios, insultos, destrato, acusaciones, denuncias penales, apelando a las más miserables bajezas humanas: practicando el olvido absoluto de todo aquello que decían representar y defender.
La evidencia de ese tipo de casos es de una amplitud infernal y traerlas a colación podría ser tedioso, y hasta considerado como una verdadera tortura para los lectores, dado que hay cientos de hechos en argentina donde dirigentes políticos en campaña electoral partidaria: se insultan de cabo a rabo, pero con el paso del tiempo hacen abuso de la memoria selectiva y se toman una pastillita de “amnesiol” y como si no hubiese pasado nada, reaparecen abrazados en un acto político, algunos incluso van más allá, son tan descarados que a ese saludo lo complementan con un gesto manual en el cual se levantan los dedos, índice y medio separados, mientras que los demás dedos permanecen cerrados, es decir haciendo la V de la Victoria.
En la actualidad, el peronismo nacional se encuentra en un período de elevada complejidad, sumergido en disputas internas alejándose cada vez más de una posible unidad partidaria en todo el país.
Podría decirse que la prosa y doctrina peronista no goza de buena salud, y mucho menos, de mejor imagen, sobre todo desde que su máxima autoridad partidaria está encerrada con prisión domiciliaria y tobillera electrónica, en su departamento de San José 1111, en el barrio porteño de Constitución.
El asunto particular del Partido Justicialista en Misiones, que dicho sea de paso, se encuentra intervenido producto de la decisión de la máxima mandataria del PJ Nacional, Cristina Elizabeth Fernández de Kirchner, dicha medida fue adoptada para llevar adelante la normalización partidaria, por tal motivo, el peronismo misionero en la tierra colorada están próximos a realizar sus elecciones internas el 19 de abril de 2026, renovando así sus autoridades partidarias.
Mientras tanto, la clase trabajadora misionera, se encuentra en estadio de terapia intensiva, siendo un paciente que no goza de muy buena salud y con pronóstico reservado. Y que hasta el momento, no cuenta con el apoyo de acciones directas de aquel peronismo que históricamente se jactó de representar y defender a los obreros.
La realidad es irrefutable, dado que son escasos los peronistas que en la tierra misionera pueden hacer honor a aquello que sí logró Juan Domingo Perón: convertirse en el conductor de la clase obrera.
El contexto social expone que la situación salarial de los trabajadores es acuciante, tanto para el sector privado como para los que integran la administración pública, también, resalta la escases de “líderes peronistas” que estén dispuestos a ponerle el cuerpo y no desde lo virtual: confundiendo que las “batallas políticas” se ganan con un simple posteo en las redes sociales o, con la realización y difusión de un video invitando a los afiliados peronistas a votar en la inminente reyerta electoral partidaria. Para luego, hacer uso y abuso del “si te he visto, no me acuerdo”.
Muchos de esos simpatizantes del peronismo misionero integran la clase trabajadora- que implora piedad y misericordia ante el avance de los recortes presupuestarios-, que hace tiempo comprendieron que la motosierra ya ha dejado de ser la herramienta predilecta únicamente de un gobierno nacional, y también entendieron, que aquellos que antes los defendían reclamando en las calles, hoy ya no están, que las protestas sociales se esfumaron y son sólo un holograma o un recuerdo de lo que alguna vez fue sinónimo de cercanía del peronismo con los sectores sociales más vulnerables.
Ya sin el acompañamiento de aquellos dirigentes políticos que alguna vez se jactaron de defender, comprender y de abrazar sus luchas, así de esa manera, se enmarca el destino incierto de un peronismo, que tanto interna como externamente, se encuentra a la deriva e intentando regresar a sus bases filosóficas.
Durante las últimas semanas, fueron varios dirigentes identificados con el justicialismo misionero los que alzaron la voz, pero no para reclamar por los esqueléticos salarios de una clase trabajadora que está siendo esquilada, empobrecida hace décadas en nuestro país, si no, que lo han hecho para confirmar sus ambiciones, intenciones individuales de pretender dirigir y conducir un Partido Justicialista vacío de poder y de convocatoria.
La aparición de figuras y actores de la política únicamente en tiempos electorales, no es nada novedoso para los argentinos, y es ese mismo escenario del que no pueden escapar algunos de los peronistas que están reclamando ocupar el trono en el justicialismo misionero.
La enemistad con la clase obrera, también se observa entre dirigentes provinciales que demuestran una disociación con las necesidades y urgencias que están atravesando sectores del agro y de la producción en Misiones, exhibiendo así el fracaso de la gestión en temas relacionados al sector del campo y la chacra misionera , donde el gobernador ,Hugo Passalacqua, cada día que trascurre de su mandato, sigue perdiendo credibilidad demostrando estar encaprichado en sostener, a pesar del fiasco en gestiones agrarias, a sus amistades y personajes a los que les ha quedado muy grande el cargo, el gobernador es muy consciente de que los errores de sus amigos lo están pagando los misioneros y eso podría costarle votos al oficialismo provincial pensando en el 2027.
Tal fracaso llegó ante la imposibilidad o ineptitud de no haber generado respuestas o soluciones, y tampoco, la contención necesaria para el sector agrario, eso mismo hubiese evitado el creciente éxodo del recurso humano misionero hacia países fronterizos como Brasil, buscando puestos laborales, entre otras cosas, pretendiendo trabajar en la cosecha de manzanas y uvas.
Retomando la situación del peronismo misionero, la carrera por quedarse con el poder de la conducción partidaria ha iniciado, y desde el propio oficialismo misionero, no se dan por vencidos y preparan candidatos para competir en las internas pejotistas de abril.
Alguna vez, el exgobernador de Chubut, Martín Buzzi dijo que las candidaturas no pueden depender del dedo autoritario de alguien.
Por otro lado, si con la intervención del Partido Justicialista (PJ) en Misiones pensaban que una elección interna partidaria quitaría de la contienda al Frente Renovador, eso no sucederá, dado que el conductor de la renovación, Carlos Rovira tiene preparada lista y candidatos para enfrentar en las urnas a La Cámpora y a Cristina Kirchner.
Las preguntas que deberíamos hacernos en la provincia de Misiones: ¿Cómo quedará el peronismo luego de la intervención? ¿Es paradójico que Cristina Kirchner practique la proscripción de candidatos en el PJ misionero, siendo que ella denunciaba que la querían proscribir y dejarla sin poder participar de manera activa en la política? ¿El peronismo misionero piensa recuperar legitimidad y reordenar la estructura partidaria alejado de la clase trabajadora?



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