El tablero electoral misionero está saturado de ambiciones y errores. La épica, ese ingrediente que alguna vez le dio sentido y pasión a muchas elecciones, brilla por su ausencia. Mientras tanto, el pueblo espera algo más que promesas vacías y discursos repetidos.
La noche del patrono del trabajo fue un reflejo de esta realidad. Como cada cierre de frentes, las fuerzas políticas mostraron sus cartas. Tras semanas de rumores y especulaciones, se definieron cuáles serán los “autos” que largarán la carrera electoral. Algunos llegan con vehículos de alta gama, otros compiten simplemente para completar el cupo.

Pero la pregunta que flota en el aire es: ¿y si esta vez sale bien? Esa duda ronda a quienes intentan revivir viejas banderas, creyendo que solo presentarse espontáneamente será suficiente para reunir votos en torno a las tradicionales estructuras del PJ y la UCR. Estos partidos, tras años de formar alianzas bajo distintos nombres, ahora se enfrentan casi en soledad, evidenciando la fragmentación y desgaste que sufren.
Por otro lado, la conformación de frentes que agrupan a quienes se proclamaban adversarios genera más que sorpresa, una cierta gracia para un pueblo que no escuchó esas disputas en su momento y que probablemente seguirá sin prestar demasiada atención. Entre frentes y partidos, la carrera ya empezó, y lo que se ve es otro capítulo de “Gepetto al frente de los armados”, donde las piezas parecen más marionetas de viejos políticos que apuestas frescas y renovadas.

La épica se tomó licencia en este proceso. Quienes alguna vez intentaron encarnar ese relato ahora parecen incapaces de aportar siquiera un destello de grandeza. Algunos desperdiciaron tiempo y energía en destruir sus propias bases partidarias, mientras otros, sabiamente, aplicaron la recomendación de Napoleón Bonaparte: “Nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error.”
Porque los errores en política no fortalecen, solo debilitan y vuelven estéril cualquier esfuerzo. La búsqueda de una alternativa sin antes preguntarse qué modelo de provincia quieren los misioneros solo alimenta la división. Y esto sucede en un contexto donde la supervivencia es el desafío más urgente.
El verdadero reto para Misiones es cómo garantizar la continuidad y mejora de lo poco que se mantiene: salud, educación, seguridad. Las agendas que discuten modelos políticos alejados del presente, sin ocuparse de lo que pasa hoy y ahora, están condenadas al olvido, y esta vez ese olvido no será temporal ni reversible.
El “camino del medio” encontró su punto final. Los extremos se fortalecen, pero las viejas utopías de los 70 y 80 ya no seducen ni a propios ni a ajenos. Lo “nuevo” que se propone es en realidad lo de siempre con otro disfraz. La supervivencia dejó de ser problema exclusivo del más humilde para convertirse en bandera de los partidos históricos. Así, la velada electoral del 26 de octubre enfrentará la gestión provincial como carta principal, frente a expresiones políticas que todavía no definen si representan a los misioneros, a sus partidos o simplemente sus ambiciones personales.

A nivel nacional, el gobierno de Javier Milei tensiona aún más el escenario político con mensajes contradictorios y gestos que buscan sembrar incertidumbre para sostener su base electoral. Esto se refleja en Misiones en una política fragmentada, donde las alianzas se mueven al ritmo de intereses personales, no de proyectos colectivos.
Por su parte, el Frente Renovador, como fuerza gobernante, tendrá un arduo trabajo para sostener la confianza del pueblo. La alternativa libertaria, asociada a Milei, deberá demostrar que es algo más que la sombra del poder presidencial o terminará aplastada por su propia figura.
Si los actores políticos no logran salir del laberinto de la épica vacía y la confusión, el único resultado posible será la mayor desafección ciudadana y un avance silencioso pero inexorable de la resignación. La política debe volver a ser la herramienta para garantizar derechos, no solo un escenario para exhibir disputas personales o banderías anacrónicas.
La oportunidad está abierta. La pregunta que queda en el aire es si habrá dirigentes dispuestos a salir del guion repetido, asumir errores y pensar a Misiones más allá del 26 de octubre.
En este contexto de incertidumbre y dispersión, la responsabilidad recae en quienes decidan gobernar. No basta con repetir viejas fórmulas ni buscar atajos en relatos vacíos. Misiones merece dirigentes con coraje para asumir desafíos y poner el bienestar de su gente por encima de intereses personales o partidarios.
El 26 de octubre no será solo una elección más. Será una oportunidad para que Misiones decida si quiere seguir en la incertidumbre nacional o apostar por un futuro más claro, inclusivo y justo. La esperanza está en la capacidad de sus ciudadanos para exigir, fiscalizar y comprometerse. Porque gobernar no es solo administrar, sino escuchar, construir y transformar sin poner en riesgo lo que se logró en estos años.



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