La morosidad de los préstamos a familias en Argentina alcanzó en abril de 2026 el 12,1%, el registro más alto en más de 20 años, según datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA). El salto se explica por el deterioro del ingreso de los hogares y la creciente dificultad para afrontar deudas en un contexto de ajuste económico y caída del poder adquisitivo. El indicador afecta a todo el sistema financiero y se produjo tras 18 meses consecutivos de aumento, evidenciando una dinámica de empeoramiento sostenido.
El impacto del fenómeno se refleja en la comparación interanual: en abril de 2025 la mora era del 3,7%, lo que implica que en un año prácticamente se triplicó. Actualmente, 5,3 millones de personas presentan deudas impagas con más de 90 días de atraso, lo que representa el 26,7% de los usuarios de crédito en el país.
Los mayores niveles de incumplimiento se concentran en el financiamiento al consumo. Los préstamos personales lideran con 14,9%, seguidos por las tarjetas de crédito (12,5%). Más atrás aparecen los créditos prendarios (7,3%) y los hipotecarios (1,5%), que muestran menor deterioro relativo. En contraste, la mora corporativa se mantiene en torno al 3,3%, muy por debajo del segmento hogares.
Aunque el BCRA señala una desaceleración en el ritmo de crecimiento de la cartera irregular, consultoras privadas advierten que en abril volvió a acelerarse respecto de marzo, lo que mantiene abierta la incertidumbre sobre si el sistema ya alcanzó un techo o si la tendencia continuará. Pese a la tensión en los hogares, el sistema bancario conserva niveles de liquidez y solvencia elevados, aunque especialistas advierten que el aumento de la morosidad podría restringir aún más el acceso al crédito y frenar su rol como motor de recuperación económica.



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