La policía de Israel impidió este domingo la celebración de la misa de Domingo de Ramos en la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, afectando al Patriarca Latino de Jerusalén y a los sacerdotes responsables del templo, en el marco de las restricciones por la guerra en Medio Oriente iniciada el 28 de febrero. La medida forma parte de la prohibición de grandes concentraciones religiosas y públicas, limitadas actualmente a un máximo de 50 personas.
El hecho fue confirmado por el Patriarcado Latino de Jerusalén, que calificó la decisión como “un grave precedente” y advirtió que se trata de una situación que impacta en la sensibilidad de millones de fieles cristianos en todo el mundo que siguen con atención las celebraciones de la Semana Santa en Tierra Santa.
Restricciones por la guerra en Medio Oriente
Desde el inicio del conflicto, las autoridades israelíes aplicaron medidas de seguridad estrictas que incluyen la suspensión de eventos masivos en sinagogas, iglesias y mezquitas, con el objetivo de evitar concentraciones que puedan generar riesgos en el actual contexto bélico.
Según el comunicado oficial del Patriarcado, la imposibilidad de celebrar la misa representa un hecho sin precedentes en la historia reciente de Jerusalén, una ciudad considerada sagrada por las tres religiones monoteístas.
Cancelaron la tradicional procesión del Domingo de Ramos
La situación ya había sido anticipada días atrás, cuando el Patriarcado Latino anunció la cancelación de la histórica procesión del Domingo de Ramos, que cada año recorre el Monte de los Olivos hasta Jerusalén y convoca a miles de peregrinos de distintos países.
Esta celebración marca el inicio de la Semana Santa, recordando la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén, según relatan los Evangelios, pocos días antes de su crucifixión y posterior resurrección en Pascua.
Preocupación mundial por el impacto religioso
Desde la Iglesia advirtieron que la decisión afecta directamente a uno de los eventos religiosos más importantes del calendario cristiano y genera preocupación en la comunidad internacional, ya que Jerusalén es el epicentro espiritual de la Semana Santa.
El comunicado concluye señalando que la medida demuestra una falta de consideración hacia los creyentes de todo el mundo, en un contexto donde la guerra continúa condicionando la vida social, política y religiosa en la región.



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