La televisión estatal iraní IRIB informó este miércoles que 3.117 personas murieron durante los recientes disturbios en Irán, según datos de la Organización Médica Forense del país. Se trata de la primera cifra oficial de fallecidos publicada por las autoridades desde que estallaron las manifestaciones a finales de diciembre.
Hasta ahora, el gobierno iraní había reconocido únicamente la existencia de “varios miles” de muertes, sin precisar un número concreto, lo que generó cuestionamientos tanto dentro como fuera del país.
De acuerdo con el informe oficial, 2.427 de los fallecidos fueron identificados como “civiles inocentes y miembros de las fuerzas de seguridad”, sin ofrecer mayores detalles sobre el resto de las víctimas ni el contexto específico de sus muertes.

Daños en infraestructura en Irán
En contraste, la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos, con sede en Estados Unidos, estimó que el número de muertos asciende a 4.560 personas, aunque esta cifra no ha sido verificada de forma independiente.
En paralelo, la agencia semioficial iraní Tasnim reportó graves daños a la infraestructura estatal. Según sus datos, más de 460 edificios gubernamentales fueron dañados o incendiados, mientras que más de 700 bancos resultaron atacados. Además, al menos 480 mezquitas habrían sufrido destrozos durante las protestas.
Las manifestaciones comenzaron a finales de diciembre en decenas de ciudades, tras una fuerte depreciación del rial iraní, que agravó el malestar social y las quejas económicas de la población.
Inicialmente, las protestas se desarrollaron de forma pacífica, pero con el paso de los días derivaron en episodios de violencia, especialmente los 8 y 9 de enero, cuando se registraron la mayoría de las víctimas y los mayores daños a bienes públicos y privados.
Las autoridades iraníes aseguraron estar dispuestas a abordar las demandas económicas, aunque advirtieron desde el inicio contra la violencia y el vandalismo.
En el plano político, el gobierno atribuyó los disturbios violentos a la injerencia de Estados Unidos e Israel. En un artículo de opinión publicado en el Wall Street Journal, el ministro de Asuntos Exteriores, Seyed Abbas Araghchi, sostuvo que la “fase violenta de los disturbios duró menos de 72 horas” antes de ser controlada por las fuerzas de seguridad.
Araghchi afirmó además que las amenazas estadounidenses habrían “incentivado a los conspiradores” a buscar un “máximo derramamiento de sangre”, como parte de una estrategia contra el país.
Finalmente, el canciller remarcó que Irán “siempre elegirá la paz sobre la guerra”, pero advirtió que, ante nuevos ataques, las fuerzas armadas iraníes responderán “con todo lo que tienen”, en contraste con la “moderación” mostrada por Teherán en junio de 2025.
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